EL CLIMA


viernes, 16 de septiembre de 2016

Todos los dias se aprende con la caravana


La biografía como género literario propiamente dicho nace en el Renacimiento y con él se denomina a un género distinto de las moralizantes vitae cultivadas desde la Antigüedad grecolatina, pues desde las Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres de Diógenes Laercio, las Vida de los sofistas de Filóstrato, las influyentes Vidas Paralelas de Plutarco, el De viris illustribus de Cornelio Nepote, las Vidas de los doce césares de Suetonio o la Historia Augusta la biografía respondía a un propósito edificante y moralizador, proponiendo ejemplos (el más notable fue el de Alejandro Magno, al que se consagraron numerosas biografías, por ejemplo la de Quinto Curcio) o incluso antiejemplos (en la mayor parte de la obra de Suetonio); esta orientación ética y educativa siguió dominando durante la Edad Media cuando imita los ejemplos grecolatinos el cristiano Jerónimo de Estridón en su De viris illustribus y sus continuadores Genadio de Marsella e Isidoro de Sevilla, cristianizándose ya absolutamente en las Vitae patrum y las demás vidas de santos, auténticas biohagiografías no pocas veces escasamente fiables como documentos históricos por la confianza sin límites que daban a los milagros, las leyendas piadosas y los hechos maravillosos y sobrenaturales; la más famosa (y nada fiable) colección de estas fue La leyenda dorada de Santiago de la Vorágine


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En numerología, se dice que los números son uno de los conceptos humanos más perfectos y elevados. Según los que la practican, la numerología es la disciplina que pretende investigar la «vibración secreta» de ese código y enseñan a utilizar los números en su beneficio, por medio del estudio de su influencia sobre personas, animales, cosas y eventos.

En el año 530 a. C., Pitágoras, filósofo griego, desarrolló en forma metódica una relación entre los planetas y su «vibración numérica». La denominó «música de las esferas». Mediante su método de numerología afirmó que las palabras tienen un sonido que vibra en consonancia con la frecuencia de los números como una faceta más de la armonía del universo y las leyes de la naturaleza.


Según los numerólogos, los números son mucho más que una forma de medir o cuantificar lo que existe a nuestro alrededor


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Las especies de peces de los géneros Amphiprion y Premnas, así como el pez damisela Dascyllus trimaculatus y ciertas especies de camarones de los géneros Periclimenes, Ancylomenes o Thor, viven entre los tentáculos de las anémonas, a las cuales inhiben la liberación de las células urticantes. De esta manera, los animales se protegen de sus predadores entre los tentáculos urticantes de la anémona, y ésta se beneficia de la limpieza de su disco oral y tentáculos como consecuencia de los continuos movimientos de estos.


No está muy claro si las diferentes especies de peces anémona realmente "alimentan" a su anémona, o sencillamente la utilizan como despensa y protección. El conocido pez payaso Amphiprion ocellaris tiene más tendencia a robar la comida de su hospedador que a proporcionársela.
La palabra biología está formada por la combinación de los términos griegos βίος bios, vida, y el sufijo -λογία -logía, ciencia, tratado, estudio, basado en el verbo griego λέγειν (legein), seleccionar, reunir (cf. el nombre λόγος logos, palabra).


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 El término biología en su sentido actual se cree que fue introducido de forma independiente por Karl Friedrich Burdach (en 1800), Gottfried Reinhold Treviranus (Biologie oder Philosophie der lebenden Natur, 1802) y Jean-Baptiste Lamarck (Hydrogéologie, 1802). La palabra en si misma ya aparece en el título del volumen 3 de Philosophiae naturalis sive physicae dogmaticae: «Geologia, biologia, phytologia generalis et dendrologia», de Michael Christoph Hanow, publicado en 1766.


Con anterioridad se utilizaron distintos términos para el estudio de animales y plantas. Historia natural se utilizó para referirse a los aspectos descriptivos de la biología, aunque también incluía la mineralogía y otros campos no biológicos; de la Edad Media al Renacimiento, el marco de unificación de la historia natural era la scala naturae o cadena de los seres. Filosofía natural y teología natural englobaban la base conceptual y metafísica de planta y vida animal, tratando con problemas como por qué los organismos existen y se comportan del modo en que lo hacen.


El origen del Mindfulness suele situarse hace 2.500 años en la tradición budista con Siddhrta Gautama, Buda, que fue el iniciador de esta tradición religiosa y filosófica y que recibió enseñanzas de otros maestros y él mismo perfeccionó. La herencia de esta tradición es la esencia de la práctica del Mindfulness.


El mindfulness moderno está basado en el movimiento budista Vipassana, una antigua técnica de meditación de la india que consiste en "tomar conciencia del momento presente", "tomar conciencia de la realidad". Se lleva a comprender la verdadera naturaleza de la realidad, a saber, las tres marcas de la existencia: la impermanencia y la insatisfacción de todo ser acondicionado que existe, y el contacto con el “non-self”. Con esta idea, el practicante se convierte en un Sotāpanna así llamada, un "entrador en el flujo", la primera etapa en el camino hacia la liberación.

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El brasero doméstico metálico era un recipiente cóncavo provisto generalmente de una tapa con hendiduras por las que salía el calor o bien, los más modestos, de una alambrera metálica para no quemarse. Para evitar el contacto con el suelo, los modelos caros incluían un pie o soporte. El combustible por excelencia era el cisco o picón, un tipo de carbón vegetal muy menudo y de larga combustión.

El brasero se colocaba en el centro de las habitaciones o debajo de unas mesas especiales, llamadas mesas camillas, sobre una tarima de madera perforada en el centro para encajarlo, que también servía de reposapies. Para reavivar el fuego se utilizaba un instrumento metálico llamado badila, que consistía en un mango y una paleta redonda, doblemente perforada en su borde superior; cuando la combustión languidecía y bajaba el calor, se echaba una firmita, es decir se removía con la badila con sumo cuidado. A las personas que pasaban mucho tiempo sentadas en la mesa camilla, le salían en las piernas una especie de manchas o vejigas muy incómodas, las llamadas cabrillas.


Considerado un ingenio peligroso dentro de la vivienda por el hecho de generar brasa sin estar perfectamente protegido y de producir "tufo", fue causa de incendios frecuentes, principalmente al entrar en contacto con las faldas de la mesa camilla y diversas prendas de las personas. Sin embargo, el peligro más grave era la posibilidad de envenenamiento por emisión de monóxido de carbono (el mencionado "tufo"), especialmente en habitaciones poco ventiladas.

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