EL CLIMA

jueves, 2 de marzo de 2017

MARZO A PURA MARCHA

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Se llamaba retreta al toque militar común a la infantería y a la caballería que en general indicaba que una tropa formada o que marchaba hacia delante, diera media vuelta y lo ejecutara en retirada. Servía también la retreta de señal para que se retiraran a sus cuarteles, tiendas o alojamiento los soldados que aún no lo hubieran verificado. A su vez se toca al inicio de la formación de control nocturno. En Hispanoamérica también se usa para describir una fiesta nocturna o vespertina en la cual una banda militar, o de cualquier otra institución, recorre las calles ofreciendo una función musical o concierto al aire libre, generalmente en plazas públicas, parques y paseos. La retreta festiva suele ser diurna o matinal en domingo o días festivos y en muchos lugares las retretas dominicales son una tradición muy concurrida e ineludible.

En las fiestas de Moros y Cristianos estas retretas nocturnas, por su carácter festivo, se han vuelto en verdaderos carnavales donde se critica y se hace sátira de la sociedad local.


El clarín o bugle (del francés bugle, este del inglés bugle [horn], cuerno de caza, porque se hacía con cuerno de búfalo, y este del latín bucŭlus, (buey joven) ) es un instrumento de viento, englobado en la sección de los metales. Es semejante en su diseño a la corneta natural, pero de menor tamaño. También cuenta con una embocadura en forma copa y un pabellón acampanado. La boquilla (de metal o cobre) es semiesférica.

El sonido que produce es agudo. Por lo general, el clarín no tiene válvulas, lo que significa que sólo produce armónicos naturales. Sin embargo, algunos clarines tienen una válvula que baja una cuarta la afinación.

El clarín más común es el afinado en Si ♭ (bemol).


En Perú, el clarín tiene una gran longitud, llegando a tener hasta 4 metros de largo. Posee un sonido bastante característico y armónico. El clarín cajamarquino o "Qewayllo" es principalmente tocado en la fiesta de carnaval. También existen el "uongos" o clarín de Junín y el "habaspa Sisán" de la región de Andahuaylas.

Una antigua forma de pastel de queso podría haber sido un plato muy popular en la Antigua Grecia, incluso antes de la adopción romana del platillo con la conquista de Grecia. La mención escrita más temprana de un pastel de queso fue hecha por el médico griego Aegimus, que escribió un libro sobre el arte de hacer queso (πλακουντοποιικόν σύγγραμμα—plakountopoiikon suggramma). Catón el Viejo, en su manual De Agri Cultura (también llamado De Re Rustica) incluye recetas de dos pasteles para usos religiosos: libum y placenta. De los dos, placenta es más parecido a la mayoría de los pasteles de queso modernos, con una corteza que se prepara y se cuece por separado. Es importante señalar que a pesar de que a estas primeras formas se les llamó "pasteles de queso", diferían mucho en sabor y consistencia de la tarta de queso contemporánea.

A lo largo de toda la historia se llevaron a cabo intentos de unificación de las distintas medidas con el objetivo de simplificar los intercambios, facilitar el comercio y el cobro justo de impuestos. En la Revolución francesa de 1789, junto a otros desafíos considerados necesarios para los nuevos tiempos, se nombraron Comisiones de Científicos para uniformar los pesos y medidas, entre ellos está la longitud. La tarea fue ardua y complicada; se barajó como patrón la longitud del péndulo en un segundo a la latitud de 45°, pero acabaría descartándose por no ser un modelo completamente objetivo. Se acordaría, por fin, medir un arco de meridiano para establecer, sobre él y por tanto sobre la propia Tierra, el patrón del metro. Los encargados de dicha medida fueron Jean Baptiste Joseph Delambre y Pierre Méchain, quienes entre 1791 y 1798 y mediante un sistema de triangulación desde Dunkerque a Barcelona establecieron la medida de dicho arco de meridiano sobre la que se estableció el metro.

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La historia de La Catrina empieza durante los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz. En estos periodos, se empezaron a popularizar textos escritos por la clase media que criticaban tanto a la situación del país como de las clases privilegiadas. Los escritos, redactados de manera burlona y acompañados de dibujos de cráneos y esqueletos se empezaron a reproducir en los periódicos llamados de combate. Estas eran calaveras vestidas con ropas de gala, bebiendo pulque, montadas a caballo, en fiestas de la alta sociedad o de un barrio… todas para retratar la miseria, los errores políticos, la hipocresía de una sociedad, como es el caso de “La Catrina”.


La palabra "catrín" definía a un hombre elegante y bien vestido, el cual iba acompañado de alguna dama con las mismas características; este estilo fue una imagen clásica de la aristocracia de fines del siglo XIX y principios del XX. Es por ello que, al darle una vestimenta de ese tipo, Diego Rivera convirtió a “La Calavera Garbancera” en “La Catrina”.

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