EL CLIMA

martes, 29 de noviembre de 2016

MARTES BRILLANTE

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Todas las lenguas humanas tienen una palabra para designar la Luna de la Tierra, siendo esos vocablos los normalmente utilizados en contextos astronómicos, aunque se han utilizado también buen número de nombres fantásticos o mitológicos (y en contextos no astronómicos se ha utilizado un número aún mayor de epítetos de la Luna). En el siglo XVII, se aludía a la Luna a veces como Proserpina. En inglés su nombre es "moon", pero —especialmente en contextos de ciencia-ficción— se ha usado a veces el nombre de origen latino "luna"; probablemente por analogía con los nombres científicos de los planetas, o por asociación con el adjetivo "lunar" (que sí existe en ese idioma). En la terminología técnica, palabras derivadas del término «seleno-» (del griego, selēnē, «luna») y de «cynthi-» (de Cynthia, un epíteto de la diosa Artemisa) se utilizan a veces para referirse a la Luna, como en selenografía, selenología y pericynthion.




En 1800, como resultado de un desacuerdo profesional5 sobre la respuesta galvánica propugnada por Luigi Galvani, Alessandro Volta desarrolló su propia pila, que a la postre se convertiría en precursora de la batería, que produjo una corriente eléctrica constante. Volta había determinado la más eficaz manera de utilizar metales para producir electricidad, estos metales eran el zinc y la plata.


En la década de 1880, el Congreso Internacional de electricidad, ahora conocida como Comisión Electrotécnica Internacional (IEC), aprobó el voltio como unidad para medir la fuerza electromotriz. En ese momento, el voltio estaba definido como la diferencia de potencial a través de un conductor eléctrico cuando una corriente de un amperio disipa un vatio de potencia. Antes de la evolución del sistema de medición de la tensión de voltaje estándar de Josephson, en los laboratorios el voltio de referencia se medía mediante baterías especiales debidamente calibradas y construidas al efecto.

En la mayoría de los países estudiantes usan calculadoras en sus tareas escolares. Hubo cierta resistencia inicial a la idea por el temor de que las habilidades aritméticas básicas se resentirían. Permanece cierto desacuerdo sobre la importancia de la habilidad para realizar cálculos a mano o mentalmente, con algunos planes de estudios restringiendo el uso de la calculadora hasta que se logra cierto nivel de destreza matemática, mientras que otros se centran más en enseñar técnicas de estimación y resolución de problemas.


Hay otras preocupaciones, como que un alumno use la calculadora erróneamente pero crea que la respuesta es correcta porque fue el resultado dado por la calculadora. Los profesores intentan combatir esto animando a los estudiantes a realizar manualmente una estimación del resultado y asegurar que se acerca al resultado calculado. También es posible que un niño teclee −1 × −1 y obtenga la respuesta correcta «1» sin advertir el principio implicado (que multiplicar un número negativo por otro número negativo da como resultado un número positivo). En este sentido, la calculadora pasa a ser una muleta más que una herramienta didáctica, pudiendo frenar a los estudiantes durante un examen si estos se dedican a comprobar incluso los cálculos más triviales en la calculadora

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Históricamente el principal productor y exportador de palmito fue Brasil. A partir de los años 1990, Ecuador logró el liderazgo de las exportaciones. En 2013 exportó más de 31000 toneladas de palmitos en conserva, De ellos, el 100% provenientes de plantaciones sustentables, sin intervenir negativamente en los sistemas medioambientales; Argentina, Bolivia1 y Paraguay producen también cantidades importantes. Costa Rica viene siendo el segundo productor en estos momentos, con más de 8000 toneladas en 2013. Hawái está produciendo este producto en el momento, pero es un proyecto relativamente nuevo, así que su exportación no es tan abundante. Francia es el principal importador, mientras que Chile es el país con mayor consumo per cápita.
El consumo de palmitos "silvestres", provenientes de Brasil, ha sido frecuentemente objeto de protestas por parte de grupos ecologistas, puesto que en la inmensa mayoría de los casos las plantas cosechadas proceden de la selva virgen, y no se desarrolla ninguna clase de práctica agrícola sistematizada para su reforestación. 

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Hay dos supuestos sobre el origen del calificativo hacia el grupo de artistas y sus obras:

El primero de estos supuestos proviene de la mención "les fauves", en español las fieras, al conjunto de obras expuestas en la Sala número VII durante la celebración del Salón de Otoño de 1905 donde se presentaron numerosas obras al concurso y aparecieron problemas a la hora de clasificar y hacer una correspondencia de algunas de ellas con nociones de arte ya establecidos o aceptados. Fue algo parecido a lo que pasó en su momento con los impresionistas cuando una serie de pinturas fueron calificadas de «incoherentes» y sus autores excluidos del salón por expresarse de un modo intenso y diferente. Las palabras "les fauves" fueron hechas como parte de una crítica de arte publicada en el periódico Gil Blas, el 17 de octubre de 1905 por Louis Vauxcelles sobre la obras presentadas en la Sala VII:

"Au centre de la salle, un torse d'efant, et un petit buste en marbre, d'Albert Marque, qui modèle avec un science délicate. La candeur de ces bustes surprend, au milieu del'orgie des tons purs: Donatello chez les fauves..."
"En el centro de la sala, un torso de un niño, y un pequeño busto en mármol de Albert Marque, ese modelo con ciencia delicada. El candor de esos bustos sorprende, en medio de la orgía de tonos puros: Donatello entre las fieras..."

Louis Vauxcelles por Jules Chéret (1836-1932). Carbón sobre papel azul. 35,5 x 22 cm. Fecha: 27.11.1909

La mención a Donatello se debe a que en la misma sala había una escultura de corte renacentista, del escultor Albert Marque

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