EL CLIMA


miércoles, 3 de agosto de 2016

MIERCOLES SEGUIMOS INFORMANDO

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Plinio el Viejo (siglo I), en su Historia Natural, cuenta que unos mercaderes que se dirigían hacia Egipto para vender natrón (carbonato de sodio), se detuvieron para cenar a orillas del río Belus, en Fenicia. Como no había piedras para colocar sus ollas, decidieron utilizar algunos trozos de natrón. Calentaron sus alimentos, comieron y se dispusieron a dormir. A la mañana siguiente vieron asombrados que las piedras se habían fundido y habían reaccionado con la arena para producir un material duro y brillante, el vidrio.

En realidad, el hombre aprendió a fabricar el vidrio muchísimo tiempo antes en forma de esmaltes vitrificados, la fayenza. Hay cuentas de collares y restos de cerámica elaborados con fayenza en tumbas del periodo predinástico de Egipto, en las culturas Naqada (3500-3200 a. C.).

Los primeros objetos de vidrio que se fabricaron fueron cuentas de collar o abalorios. Es probable que fueran artesanos asiáticos los que establecieron la manufactura del vidrio en Egipto, de donde proceden las primeras vasijas producidas durante el reinado de Tutmosis III (1504-1450 a. C.). 






Descubrimientos arqueológicos prueban que mientras los primeros homínidos utilizaron armas convencionales, tales como hachas, garrotes y espadas, buscaron formas más sutiles y destructivas para causar la muerte, algo que podía ser alcanzado por medio del veneno. Se han hallado ranuras para almacenar venenos, tales como tubocurarina, en las armas y herramientas de caza, lo que mostraría que los primeros humanos había descubierto venenos de potencia variable y los aplicaron a sus armas. Se especula que este uso y existencia de sustancias extrañas y nocivas fue mantenido en secreto por los miembros más importantes de las tribus o clanes y fueron vistos como emblemas de un gran poder. Este podría haber dado lugar al surgimiento del concepto del "chamán" o «doctor hechicero».

Una vez que se descubrió el uso y el peligro de los venenos, se hizo evidente que algo debía hacerse. Mitrídates VI, rey de Ponto (un antiguo Estado helenístico del norte de Anatolia), alrededor del 114-63 a. C., vivía en constante temor de ser asesinado por medio de un envenenamiento. Por ello, se convirtió en un arduo pionero en la búsqueda de una cura para los venenos. Gracias a su posición de poder, fue capaz de probar venenos en criminales que enfrentaban la ejecución y, luego, buscar si existía un posible antídoto. Debido a su paranoia, diariamente se administraba pequeñas cantidades de venenos en un intento por volverse inmune a tantos venenos como fuera posible. Finalmente, descubrió una fórmula que combinaba pequeñas porciones de docenas de los remedios herbáceos más conocidos en la época, a la cual denominó "Mithridatium". Este descubrimiento se mantuvo en secreto hasta que su reino fue invadido por Cneo Pompeyo Magno. Luego, las prescripciones del antídoto de Mitríades y las notas de plantas medicinales fueron llevadas a Roma, donde fueron traducidas al latín.


Plinio el Joven describió más de 7.000 tipos de venenos



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La evolución jurídica del delito de estupro varía ampliamente de cultura en cultura. En el derecho precolombino de México, el delito de estupro se limitaba a penar las relaciones sexuales con sacerdotisas o jóvenes de familias prominentes.

Las legislaciones europeas y americanas actuales, están fuertemente influenciadas por el cristianismo, que adoptó una postura extremadamente represiva de la sexualidad, especialmente de la mujer. Inicialmente el estupro abarcaba también al adulterio, así como las relaciones sexuales con mujeres viudas y solteras, recibiendo condena tanto el hombre como la mujer que cometían estupro.

Con el paso del tiempo el estupro se orientó a penar las relaciones sexuales mantenidas sin violencia con doncellas, con el fin de custodiar la virginidad y luego la "honestidad" de las mujeres jóvenes. El elemento central del delito fue la "seducción" (real o presunta), entendida como maniobras o promesas engañosas del hombre con el fin de que la "inocente doncella" ceda y admita mantener relaciones sexuales.

El italiano Francesco Carrara (1805-1888), padre del Derecho penal moderno, definió al estupro como:


Conocimiento carnal de mujer libre y honesta precedido de seducción, real o presunta y no acompañado de violencia.


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A diferencia de las otras tres puertas monumentales de la ciudad (las de Alcalá, Toledo y San Vicente), la Puerta de Hierro no se encuentra en el casco urbano, sino en las afueras. Tal ubicación responde a su función original. Fue erigida como entrada al Real Sitio de El Pardo, una zona de caza históricamente reservada a la monarquía española y que, en la actualidad, se encuentra protegida a través del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares.

Se edificó entre 1751 y 1753, durante el reinado de Fernando VI, a cuya iniciativa se debió también la construcción de una valla que rodeaba el perímetro del Monte de El Pardo, así como el cercano Puente de San Fernando, cuyas obras se realizaron simultáneamente al convertirse el monte de El Pardo en «coto redondo». La citada tapia tenía como misión impedir el furtivismo y evitar que los animales salvajes del coto escapasen.

A principios del siglo XX, circulaba por los vanos de la puerta el tranvía que comunicaba la zona de La Florida con el pueblo de El Pardo, explotado por la "Sociedad del Tranvía de vapor de Madrid a El Pardo", fundada en 1903 y clausurada en 1917 por dificultades económicas.


La puerta no se encuentra en la actualidad en su emplazamiento original. En 1991 fue desmontada piedra a piedra y trasladada a una isleta cercana a su primitivo enclave, para facilitar la ampliación de la carretera A-6.


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 Los origenes de la ducha se remontan a la antigua Grecia y al antiguo Egipto aunque la ducha moderna se remonta al siglo XIX. Existe alguna evidencia de que los antiguos egipcios y mesopotámicos pertenecientes a la clase alta poseían, en la intimidad de sus hogares, ciertos espacios interiores, donde eran bañados por sus sirvientes. Sin embargo, estos lugares eran muy diferentes de una ducha moderna, pues sólo tenían rudimentarios sistemas de drenaje y el agua era transportada, y no bombeada, hasta la habitación.


La primera civilización que utilizó un tipo de instalación que hoy podríamos considerar como una ducha fueron los antiguos griegos. Sus acueductos y su alcantarillado hecho con tuberías de plomo permitían que el agua que se bombease hacia dentro y hacia fuera de las grandes salas de duchas comunales utilizadas tanto por las élites como por los ciudadanos comunes. Estas habitaciones han sido descubiertos en las excavaciones de la ciudad de Pérgamo y también parecen estar representadas en la cerámica de la época. Las descripciones son muy similares a un vestuario de ducha moderna colectiva, e incluso poseían barras para colgar la ropa. Los antiguos romanos en su amor por todo lo griego también siguieron esta costumbre. Sus famosas casas de baños se pueden encontrar en todo el Mediterráneo llegando hasta Inglaterra. Los romanos no sólo tenían estos baños y duchas, sino que los empleaban múltiples veces a la semana, incluso todos los días. Después de la caída del Imperio romano y el surgimiento del cristianismo, la práctica de lo que hoy se considera una buena higiene se convirtió en un tabú religioso y fue abandonado casi por completo desde la Baja Edad Media hasta la época victoriana.


En la guerra, un armisticio es la suspensión de hostilidades pactada entre pueblos o ejércitos beligerantes. Suspende, según la Convención de La Haya de 1899, las operaciones de guerra por un mutuo acuerdo de la beligerancia. La paz —y no el armisticio— es considerado el fin de la guerra; por tanto, solo se dará por terminada esta cuando se consideran arregladas las causas que habían sido casus belli.


Todo armisticio debe ser notificado oficialmente y en tiempo útil a las autoridades competentes y a las tropas, quedando suspendidas las hostilidades inmediatamente después de la notificación o en el plazo que fijen los contendientes. Si la duración no está determinada, las partes pueden reanudar en cualquier tiempo las hostilidades previa advertencia al enemigo en tiempo convenido.

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