EL CLIMA


lunes, 11 de abril de 2016

Aprendemos sobre hedonismo

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Existen escritos de Epicuro y de sus seguidores que nos muestran sus doctrinas: entre los deseos, algunos son naturales y necesarios y otros ni naturales ni necesarios, solo consagrados a la opinión vana. La disposición que tengamos hacia cada uno de estos casos determina nuestra aptitud para ser felices o no.

Dentro de los deseos naturales y necesarios encontramos las necesidades básicas físicas, como alimentarse, calmar la sed, abrigarse y el sentido de seguridad.
Dentro de los deseos naturales e innecesarios están la conversación amena, la gratificación sexual y las artes.
Dentro de los deseos innaturales e innecesarios están la fama, el poder político, el prestigio y los generados por las empresas.
Epicuro formuló algunas recomendaciones con respecto a estas categorías:





Debemos satisfacer los deseos naturales necesarios de la forma más económica posible.
Podemos perseguir los deseos naturales innecesarios hasta la satisfacción de nuestro corazón, no refiriéndose a uno mismo, sino de tratar de llevar el egoísmo al placer de otra persona.
No debemos arriesgar la salud, la amistad o la economía en la búsqueda de satisfacer un deseo innecesario, pues esto solo conduce a un sufrimiento futuro.
Hay que evitar por completo los deseos innaturales e innecesarios, pues el placer o satisfacción que producen es efímero.
La filosofía epicúrea ganó un gran número de adeptos. Fue una importante escuela de pensamiento que perduró durante siete siglos después de la muerte de su creador. Hacia la Edad Media decayó y fueron destruidos muchos de sus escritos. Sin embargo, hoy existen remanentes de esta doctrina que han sido compilados y difundidos por el mundo.

Los epicúreos sostenían que el placer verdadero es alcanzable tan solo por la razón. Hacían hincapié en las virtudes del dominio de sí mismo y de la prudencia. En los siglos XVIII y XIX, los filósofos británicos Jeremy Bentham, James Mill y John Stuart Mill hicieron la propuesta de una doctrina universal más conocida como utilitarismo. Según esta teoría, el comportamiento humano debe tener como criterio final el bien social. Hay que guiarse moralmente buscando todo aquello que proporciona y favorece el bienestar de un mayor número de personas.

Por tanto, los filósofos concluyen que:

Todos los seres humanos nacen con la posibilidad de experimentar placer.
El placer no es bueno, ni malo, simplemente existe.
Lo bueno o lo malo del placer reside en cómo se busca y hasta dónde llega.
Todos los extremos son inconvenientes, el exceso de placer se convierte en vicio.
El placer no es solamente la gratificación sensual o sexual.
Existen placeres que a la postre traen infelicidad, insatisfacción o contratiempos, como la popularidad o la fama.
El mayor placer para la especie humana debe girar en torno al servicio a los demás.
Si se aprende a distinguir verdaderamente lo que es placer, se vivirán muchos momentos de felicidad.

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