EL CLIMA


domingo, 1 de noviembre de 2015

Las redes sociales tambien prestan un servicio, el caso de lucia gomez meca.




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Lucía Gómez Meca (Madrid, 1987) es la protagonista de un viaje inusual. Valiente, arriesgado. A la vez, natural. La búsqueda silenciosa de su padre, ausente desde que era preadolescente, le sirvió de punto de partida para un encuentro aún más profundo, con el yo y la identidad propia. También la compartida. Hoy ese proceso, tan íntimo y revelador, se ha convertido en un proyecto artístico en sí mismo bajo el nombre de 'Gómez' que aúna fotografía, performance, vídeo y collage.

Después de ocho años sin saber de su padre, Lucía buscó su nombre en Facebook. Un perfil personal, 78 amigos y siete fotos fue todo lo que encontró. Desde entonces, ya no pudo dejar de investigar sus movimientos y durante los siguientes cuatro años realizó capturas y se descargó sus fotos a una carpeta sin nombre que luego pasaría a llamarse 'Gómez'. Como ella. Como él.





«En internet encontré que mi padre es una persona súper hermética y reservada. En realidad no hace mucho, trabaja en distintas cosas y se va a casa muy temprano. No tiene mucha relaciones sociales ni creo que use internet bien ni de forma activa. Aún así, conseguí mucha información simplemente buscando en Google. Cosas que van desde su DNI, su número de teléfono, su dirección o su correo electrónico hasta averiguar que su casa estaba a la venta», explica.

Esa especie de juego de detectives se convierte poco a poco en algo obsesivo, «medio caótico», pero «muy metódico a la vez». Unas cosas la conducen a otras. Todo pasa a ser un constante ejercicio de contraste entre pasado y presente. De hecho, para ella, que fuera casi un juego lo hizo fácil a nivel personal. No se dio cuenta de dónde estaba metiéndose hasta que ya estaba metida de lleno.

Viajó hasta Ajó, el pueblecito de Cantabria donde él vive, hasta en seis ocasiones distintas. El primer y el último viaje fueron muy tensos, llenos de muchos nervios, pero todos en general «muy divertidos», según describe. Ser consciente todo el rato de sus emociones y la manera en las que las enfrentó lo hizo así. Fue un ejercicio de memoria, pero sobre todo de mucho diálogo consigo misma. En los momentos de espera escondida, con el silencio del norte de fondo, aprovechaba para hacer fotos, dar paseos y reflexionar mucho. Luego venían las persecuciones y la tensión. Un juego de espías en toda regla donde «el contraste ayudaba a digerir el todo».

En esos viajes se convirtió hasta en seis personajes diferentes. Para el primero pensó que tenía que camuflarse. Buscó la mejor opción para pasar desapercibida hasta tal punto que, según confiesa, tenía todo controlado en exceso. Para el segundo decidió cambiar de look y hacerlo un poco más absurdo. «Como un detective torpe con una peluca super obvia», recuerda. Luego empieza a meter elementos autobiográficos y disfraces con los que a veces se esconde y a veces se exhibe. «Creo que la falta de reacción por parte de mi padre me llevó a ello. Me expuse a que si me veía reconociera elementos al vestirme como las últimas fotos que tengo en Cantabria o como la última vez que nos vimos».

¿Pero, por qué buscar a su padre después de tantos años? «Situar a mi padre y su presente era la forma de situarme yo misma, ya que no tenía muy claro mi lugar. Creo que ha sido una fase y un trámite imprescindible. El trabajo va sobre él pero enseguida me lleva a mí, a qué me pasa y cómo consigo resolverlo».
Todas las sensaciones vividas durante esos meses conforman 'Gómez', un proyecto que ella misma define como una colección absoluta de elementos que la sientan en un cara a cara de rasgos y rastros biológicos. Así, para Lucía, «'Gómez' son invasiones, inocentes sabotajes que la llevan, aún, a pasear inestable por los límites de su privacidad y de su memoria».

En él, Lucía no se deja ninguna sensación o emoción fuera. Ha querido ser transparente y enseñar todo, a pesar de que a algunas personas eso le pueda incomodar. «No puedo mentir ni seleccionar. Está todo ahí. Las mil preguntas, la confusión, la impulsividad, el juego, la tensión, la obsesión meticulosa, el querer llamar la atención, las estrategias, la frustración, y el duelo». 

Estamos ante un profundo paseo por los límites. A veces Lucía los traspasa; a veces, los respeta. Para ella nacemos y crecemos con un concepto de familia estructural muy definido y por mucho que tratemos de hacernos los locos cuando algo no funciona, al final necesitamos una explicación que estabilice todo. 

«Una psicóloga a la que visité me lo explicó de forma muy simple», relata, «¿te imaginas una mesa de tres patas y una está coja? Estarás incómoda hasta que puedas buscarle una cuña en condiciones para sentarte y olvidarte de ello». Ahí entendió todo.

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