EL CLIMA


domingo, 16 de agosto de 2015

El alma tambien tiene sus mitos.


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Uno de los mitos más difundidos en almatre la sociedad es que, al morir, perdemos 21 gramos. Estos gramos supondrían el peso de nuestra alma al salir de nuestro cuerpo, en un experimento científico hecho por Duncan McDougall el año 1907 en Massachussets.

Dicho experimento sí se llevó a cabo realmente, con la esperanza de demostrar una dualidad alma – cuerpo y con la convicción de que, si existe una sustancia con funciones psíquicas tras la muerte del cuerpo humano, esa sustancia solo podrá existir como un cuerpo ocupante del espacio y por lo tanto, debería tener peso como el resto de la materia y ese peso debería de poder medirse a la hora del fallecimiento de la persona.

Seis pacientes terminales (cuatro con tuberculosis, uno con diabetes y otra persona sin una enfermedad identificada) fueron voluntarias para estar en unas camas con balanzas romanas para poder medir sus pesos a la hora de su fallecimiento. Durante ese lapso, el doctor McDougall reajustó las balanzas debido a la pérdida de peso previsible de los pacientes terminales.

Los resultados fueron los siguientes:

Paciente Nº1: Pérdida de 21,3 gramos súbitamente coincidiendo con la muerte.

Paciente Nº2: Pérdida de 45,48 gramos en los dieciocho minutos que transcurren desde el cese de su respiración hasta que estuvieron seguros de su muerte.

Paciente Nº3: Pérdida de 15 gramos coincidiendo con la muerte y una pérdida adicional de 30 gramos pocos minutos más tarde.

Paciente Nº4: Esta persona no pudo ser medida por problemas con las personas que ajustaron la balanza.

Paciente Nº5: Pérdida inicial de 10,66 gramos, pero luego la balanza regresó a su posición inicial aún retirándole los pesos.

Paciente Nº6: Fue imposible medir a este paciente ya que falleció momentos antes de calibrar la balanza.

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