EL CLIMA

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lunes, 16 de julio de 2012

OFICIOS ANTIGUOS




Las costumbres van cambiando, y cada día nueva tecnología inunda nuestro día a día, relegando al olvido profesiones y oficios que antaño fueron esenciales. Algunos, solamente han cambiado de nombre, como fueron los antiguos bañeros, que ahora todo el mundo se refiere a ellos como socorristas; Otros, perdieron su puesto en la sociedad sustituídos por una máquina, o a causa de un sistema económico que les hizo imposible competir en precios para ganarse el sustento.
En este artículo, intentaré recordar algunos de esos oficios perdidos o en desuso, para mantener en el recuerdo los que alguna vez fueron imprescindibles. Existen otros muchos oficios que no pudieron ser listados, tales como molinero, lechero, carbonero, mielero, aceitunero o trillero, pero quizá algún día amplíe esta entrada con todos ellos.
1. Sereno
El sereno fue uno de los oficios más emblemáticos de los barrios de España y Latinoamérica, aunque no en todos los lugares tenía las mismas responsabilidades. En España fue el encargado durante décadas de encender las farolas con la caída de la noche, y vigilar las calles mientras la noche durase. Así mismo, también tenía en su poder las llaves de todos los portales para quien la necesitara durante la noche. En otros países como Perú, Chile o México, el sereno fue aquel encargado de la seguridad nocturna en las ciudades.
Este oficio se perdió con la llegada de los porteros automáticos, aunque en los últimos años se ha intentado recuperar en varias ciudades españolas como Gijón (desde 1998) y Murcia.

I: Sereno
2. Afilador
El afilador era aquel que deambulaba entre ciudades y pueblos con su bicicleta o motocicleta para afilar instrumentos con filo, tal como cuchillos o tijeras. También eran los encargados de arreglar paraguas y de afilar lapiceros. A mediados del siglo XX, los afiladores se empezaron a asentar en locales de grandes ciudades, siendo cada vez menos los que viajaban de pueblo en pueblo.
Con la llegada del sistema capitalista basado en el consumo a España, el oficio se fue perdiendo en beneficio de una cultura de usar y tirar en la que no tenía cabida el afilar los instrumentos de corte. Aún a día de hoy, sigue siendo una profesión común en algunos países en los que la sociedad del consumismo no está del todo instaurada.

II: Afilador
3. Pregonero
El pregonero era otra de las profesiones más populares en los pueblos de España. Llegaba con su corneta a las distintas poblaciones, y haciéndola sonar reunía a todos los habitantes para comunicarles noticias importantes venidas de otras ciudades, o acontecimientos extraordinarios dentro del pueblo. Su origen se remonta a tiempos del Imperio Romano, y durante siglos fue el medio de comunicación y publicidad más eficiente.
Con la llegada de la radio y la televisión, la utilidad del pregonero se vio relegada a un segundo lugar, avocándolo a la desaparición a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

III: Pregonero
4. Recadero
Los recaderos eran los que antiguamente estaban al cargo de llevar mercancías de un lugar a otro, ya fuera mediante carros tirado por burros, en bicicleta o simplemente a pie. Había grandes negocios que disponían de un recadero exclusivo. Otros negocios más pequeños tenían un recadero en común, o recurrían a recaderos que sin estar asociados a ningún negocio en particular, se movían siempre entre las mismas poblaciones.
La llegada del teléfono, la popularización de correos y compañías de envío de mercancías, así como el abaratamiento de costes, relegaron a esta profesión poco a poco al olvido.

IV: Recadero
5. Herrero
El herrero era aquella persona que mediante su forja, yunque y martillos elaboraba objetos de metal, comúnmente acero e hierro, de necesidad para toda la sociedad. Entre esos objetos se encontraban no sólo herramientas, campanas, armas y artículos de cocina, si no que en muchas ocasiones también realizaban artículos decorativos muebles e incluso esculturas.
Con la llegada de la revolución industrial, el herrero pasó de estar en todos los pueblos a estar únicamente en determinadas poblaciones, habiéndose convertido a lo largo de las últimas décadas en una profesión prácticamente desaparecida en los países más desarrollados, aunque aún relativamente común en países de África y Asia.

V: Herrero
6. Colchonero
Hasta la llegada de los colchones de materiales sintéticos, los colchones más comunes en cualquier casa eran los colchones de lana. La lana de estos colchones se apelmazaba con el uso durante meses, y era necesario llevar el colchón al colchonero para que varease la lana, desapelmazándola para poder ser usado el colchón como el primer día.
La desaparición paulatina de los colchones de lana, supuso también la desaparición de este oficio.

VI: Colchonero
7. Hachero
El hachero era aquel hombre que se iba a la montaña durante largas temporadas con su hacha y se dedicaba exclusivamente a talar los árboles con su hacha, comúnmente de doble filo. Una vez tirados los árboles, también se encargaba de derroñarlos, es decir, quitarles las ramas y corteza dejándolos totalmente limpios para que más tarde el leñador se encargase de hacer leña.
Con la aparición de las máquinas motosierra, el trabajo de leñador y hachero se aunó en leñador, quedando en desuso la utilización del hacha.

VII: Hachero
8. Resinero
El resinero era el encargado de extraer la resina de los pinos y otros árboles. Para ello, realizaba cortes en el tronco del pino, y colocaba unos potes debajo del corte para que el pino supurase savia y cayera directamente en él. Todo esto se hacía día tras día desde comienzos del mes de marzo hasta mediados del mes de noviembre. El método común de extracción de resina se conocía como “el método a vida” que extraía únicamente resina de una de las caras del árbol. “El método a muerte” que extraía resina de todas las caras del árbol era excesivamente dañino, y podía provocar la muerte del árbol.
Con la creación de resinas sintéticas y otros métodos de extracción más avanzados, la profesión de resinero ha caído en desuso, pero aún existe a día de hoy.

VIII: Resinero
9. Barquillero
El barquillero era aquel vendedor ambulante que llevaba barquillos en sus cestas y una ruleta para que los compradores pudieran probar suerte. Los compradores hacían girar la ruleta, y el que obtuviese el número menor de todos los compradores del momento, era el encargado de pagar los barquillos de todos los compradores. Esta profesión fue de fuerte tradición a lo largo del siglo XIX y se mantuvo a principios del siglo XX.
La post-guerra española, el hambre y la pobreza dificultaron mucho esta profesión a mediados del siglo XX, viéndose desaparecida en España. En los últimos años, se ha visto ligeramente recuperada en Madrid, pero con poca popularidad.

IX: Barquillero
10. Campanero
Los campaneros existían en la mayoría de iglesias, y eran los encargados de tocar, repicar y voltear las campanas de la iglesia. Del mismo modo, también era el encargado de revisar el mantenimiento de las campanas, revisando las ataduras de los badajos, la tensión de los distintos cables y cuerdas, así como la supervisión del reloj de la iglesia.
Con la aparición de los sistemas mecanizados y automatizados para tocar las campanas, su profesión cayó en desuso, viéndose relegada a campanarios puntuales.

X: Campanero
11. Barbero
Muchos son los que creen que los antiguos barberos eran únicamente peluqueros que también se encargaban de arreglar la barba a los hombres. Pero si nos remontamos siglos atrás, cuando los dentistas no existían, los barberos también eran los encargados de ocuparse de la dentadura de sus clientes, e incluso hacían las labores de médicos de la época, tales como vendar úlceras o hacer sangrías.
Con la aparición de médicos y dentistas especializados, los barberos se vieron relegados a la barba y pelo de los hombres, y con el paso de los años y aparición de las peluquerías unisex, el nombre cayó en desuso, llamándose únicamente peluqueros.

domingo, 11 de abril de 2010

HISTORIAS DE OFICIOS









DE OFICIO AFILADOR

Trabajar como afilador y además como paraguero, fue una de las modalidades que adoptó parte de la emigracion gallega, que salió en busca de un mejor futuro económico, que en su tierra no podia encontrar.
La mayoria de la los afiladores, salieron de la provincia de Orense y mas precisamente del ayuntamiento de Nogueira de Ramuin.
Fue un oficio muy especial, al cual se lo llamo “la industria ambulante”, pues el afilador llevaba consigo todo lo necesario para ejercer su oficio. Y lo realizaba llendo de aqui para alla, siempre caminando detrás de su rueda de afilar, o a veces, montado en una bicicleta. Hasta que la modernidad y el desarrollo tecnológico, no lo convirtieron en un oficio practicamente extinguido ( al menos en su forma tradicional ), muchos gallegos encontraron en él, un medio de vida digno para el y su familia.
Casi siempre lo realizaron en tierras lejanas, como el resto de España, y otros que fueron aún mas lejos y llegaron a América, donde hubo gran cantidad de afiladores en los grandes centros urbanos de Argentina, Uruguay, Venezuela, Cuba, etc..
Es interesante señalar que desarrollaron un sentimiento corporativo entre ellos, como los viejos oficios medioevales, e incluso llegaron a crear un idioma propio, como fue el Barallete . Una especie de jerga de grupo, que lo usaban solo para hablar entre ellos y que les servia para preservar los secretos de su oficio. El afilador llegó a tener una aureola folklórica y de cierto romanticismo, y fue motivador de mucha literatura e inspirador de muchos temas musicales. Recuerdo ahora una hermosa version rockera sobre la vida y los sueños del afilador del grupo Los Suaves. También otro bonito tema de Mocedades sobre el afilador y el paraguero, y hasta una versión tanguera sobre el mismo tema, de Magaldi, que se hizo en el Rio de la Plata.
Contaré ahora la historia de un afilador que llegó a serlo sin pensarlo, solo bajo el imperio de las circunstancias. Se llamaba Benigno Rodríguez y como no podia ser de otra forma nació en Nogueira de Ramuín en el año 1921. El haber nacido en el seno de una familia numerosa, y la bajisima productividad de la explotación agrícola y ganadera familiar, lo impulsaron muy pronto a recorrer los pueblos de Galicia vendiendo “quincalla”, en las distintas ferias que habia, buscando mejorar su situacion económica. Varios años haciendo eso no satisfacieron sus expectativas, sobretodo cuando ya se habia casado y habian nacido dos hijos. Asi que se propuso dar el gran salto. Por intermedio de unos parientes que vivian en Brasil, consiguió que lo reclamaran, y asi se embarcó para Rio de Janeiro. Allí vivió un año, trabajando como panadero, y repartiendo pan, pero aquello no era lo que había imaginado. El insoportable calor y la humedad reinante lo hacian sufrir mucho. No podia dormir de noche, y siempre contaba que el agua que habia para saciar su sed, le sabia a caldo. Fue una mala experiencia; cuando hablaba del tema, siempre decia lamentandose: “ojalá me hubiera roto una pierna, cuando embarqué para allí”.
Asi que decidió buscar otros destinos y alguién le hablo de Montevideo en Uruguay, y lo sedujo el echo de que allí el clima era muy parecido al de Galicia. Asi que con dos paisanos más en su misma situación, decidieron irse para allá.
Y aquí comenzó otra etapa de sus peripecias de emigrante. El viaje lo hicieron por via terrestre; fueron 5 ó 6 dias viajendo en tren y en camión. Como no llevaban papeles para entrar legalmente a Uruguay, al llegar a las fronteras y los controles aduaneros, tenian que bajarse del camión y cruzar la frontera a pié y por el monte, hasta más adelante, donde los esperaba el camión para seguir viaje. Al fin llegaron a Montevideo. Una de las cosas que más lo sorprendió, fue ver a los uruguayos tomando mate por la calle. Vivió mucho tiempo en pensiones, haciendo jornales, Hasta que un dia hubo una redada policial en una de esas pensiones, y como seguia sin papeles lo llevaron preso. Asi estuvo varios dias detenido, hasta que gracias a la ayuda de algunos paisanos, pudo solucionar el problema. Consiguió trabajo en una barraca, pero al poco tiempo lo despidieron, y después de varias busquedas infructuosas , y cansado de la precariedad de los empleos, decide trabajar por su cuenta. Le compra una rueda de afilar a un paisano que volvia a España, y aqui comienza su vida de afilador.
Como no tenia ninguna experiencia como tal, al principio los afilados no le quedaban muy bien. Siempre contaba la anecdota, que la primera tijera que le dieron para afilar, le quedo tan mal, que le dio verguenza y la dejó en la puerta de la casa de la dueña, y salió casi que corriendo del lugar, empujando la rueda y que nunca mas volvió a pasar por aquella calle.
Poco a poco, con mucho esfuerzo y con la ayuda de otros afiladores, fue aprendiendo, hasta dominar todos los secretos del oficio, al que luego agregó el de paraguero. Hizo una gran clientela, y su vida mejoró mucho., se compró una casa y al poco tiempo, mando buscar a su esposa y sus hijos, que esperaban su llamado allá en Galicia. Asi llegue yo al Uruguay, ( donde aún estoy), pues era el mayor de esos dos niños, y donde conocí a mi padre a la edad de 7 años.
Con el correr del tiempo,muchos afiladores se instalaron con talleres fijos de afilados y paraguería, pero el siguió toda su vida, recorriendo detras de su rueda, todos los barrios de Montevideo, haciendo los trabajos a domicilio.
Tal vez lo mas importante, es que se sintió feliz en ese trabajo, que le daba independencia laboral, no tenia patrón y el fijaba sus propios horarios y sus propios recorridos.
Con el paso de los años y la perdida de salud, las recorridas, ” a volta” como el las llamaba, fueron siendo cada vez más cortas; hasta terminar realizando los afilados y la compostura de paraguas, solo en su casa, a donde su nutrida y fiel clientela, le siguieron llevando los trabajos hasta el final de sus dias, que fue en el año 1998.
Rodolfo Rodriguez