EL CLIMA


lunes, 19 de junio de 2017

LUNES A TODA MARCHA

En la mayoría de los países estudiantes usan calculadoras en sus tareas escolares. Hubo cierta resistencia inicial a la idea por el temor de que las habilidades aritméticas básicas se resentirían. Permanece cierto desacuerdo sobre la importancia de la habilidad para realizar cálculos a mano o mentalmente, con algunos planes de estudios restringiendo el uso de la calculadora hasta que se logra cierto nivel de destreza matemática, mientras que otros se centran más en enseñar técnicas de estimación y resolución de problemas.

Hay otras preocupaciones, como que un alumno use la calculadora erróneamente pero crea que la respuesta es correcta porque fue el resultado dado por la calculadora. Los profesores intentan combatir esto animando a los estudiantes a realizar manualmente una estimación del resultado y asegurar que se acerca al resultado calculado. También es posible que un niño teclee −1 × −1 y obtenga la respuesta correcta



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A lo largo de los siglos, el uso de macetas ha influido en la historia de la horticultura, la cual "floreció" en cuanto la gente adquirió la habilidad de trasladar las plantas de uno a otro medio ambiente.
Los egipcios fueron de los primeros pueblos que las utilizaron de esta forma. Los romanos fueron los primeros que trasladaban las plantas al interior en tiempo frío. Durante el siglo XVIII se transportaron en macetas semilleros del árbol del pan desde Tahití a las Indias Occidentales y los geranios hicieron el viaje desde África a Norte América. Las orquídeas y las violetas africanas también recorrieron grandes distancias en este tipo de contenedores.


Es muy común encontrar macetas como elementos decorativos o arquitectónicos y no sólo como elementos funcionales. Son un elemento clave en la decoración de jardines, plazas y parques y dada la gran variedad de modelos y tamaños se adaptan a cualquier ambiente o estilo.


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Los primeros automóviles fueron dirigidos con una caña, pero en 1894 Alfred Vacheron tomó parte en la carrera París-Rouen con un modelo Panhard de 4 hp provisto de un volante. Se estima que es uno de los primeros empleos del volante.


Desde 1898, los automóviles Panhard et Levassor fueron equipados de serie con volantes. C S Rolls presentó el primer vehículo equipado con un volante de Gran Bretaña cuando importó un Panhard 6 CV de Francia ese año. Arthur Constantin Krebs en 1898 sustituyó la caña con un volante inclinado para el coche Panhard que diseñó para la carrera París - Ámsterdam, que se desarrolló entre el 7 y el 13 de julio de 1898. En 1899 Packard utiliza un volante en el segundo coche que construyó. En una década, el volante había sustituido en su totalidad la caña de timón en los automóviles.

Los monstruos de la antigüedad clásica pertenecían al linaje de los dioses, por lo que la diferencia entre un ser divino o monstruoso se basaba más en su actitud hacia la humanidad que en sus características inherentes. Los monstruos más famosos son aquellos que se enfrentaron a los dioses y héroes de la leyenda. Pueden citarse el Minotauro, la hidra de Lerna, Tifón, las gorgonas, las sirenas, los cíclopes, y Escila. En las fábulas éstas figuras se presentan como antihéroes, representando la opresión, la tiranía, y la fuerza destructiva de la naturaleza.


Los valores negativos están representados por los jotun, monstruos o gigantes muy emparentados con los dioses. 


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No existen testimonios arqueológicos fiables que permitan certificar la existencia histórica del rey Arturo. A finales del siglo XII, los monjes de Glastonbury supuestamente hallaron en una tumba una cruz con una inscripción latina que identificaba a los allí inhumados como Arturo y su esposa, Ginebra. Se trató, sin embargo, de un fraude relacionado con la Historia Regum Britanniae de Monmouth con la probable finalidad de aumentar la afluencia de peregrinos a la localidad. Recientemente, en 1998, el profesor Christopher Morris, de la Universidad de Glasgow, halló en Tintagel una pizarra con una inscripción, muy probablemente del siglo VI, que contiene el nombre latinizado «ARTOGNOU», que corresponde al céltico Arthnou. Sin embargo, no puede afirmarse que esta pieza constituya en modo alguno una prueba de la existencia de Arturo.

Dada la ausencia de testimonios arqueológicos, se hace necesario recurrir a las fuentes literarias. 

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