EL CLIMA

viernes, 3 de febrero de 2017

VIERNES 3 Y SEGUIMOS CURIOSEANDO

El euskera es la única lengua no indoeuropea de la península Ibérica, y una de las pocas de Europa, junto al finés, estonio, el húngaro y maltés, que no pertenece al tronco lingüístico indoeuropeo. El hecho de que durante la Alta Edad Media fuera hablada, además de en los territorios actuales vascoparlantes, en áreas de la Rioja Alta, la Riojilla Burgalesa y la Bureba hizo que tuviera una marcada influencia en la conformación del castellano y singularmente en su sistema fonético únicamente pentavocálico (véase sustrato vasco en lenguas romances). Tras un periodo de prolongado declive desde la Baja Edad Media, acentuado en los siglos XVIII y XIX, que hizo que dejara de ser hablado paulatinamente en áreas de Burgos, La Rioja, Navarra y Álava

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La rueda lleva miles de años de uso, pero la idea de ponerle caucho en el borde exterior es relativamente nueva. Fue a principios del siglo XIX cuando por primera vez se utilizó goma natural para recubrir las ruedas de madera o de acero. Ahora bien, como la goma se desgastaba con rapidez, su futuro no parecía muy prometedor, hasta que, en 1839, un resuelto inventor de Connecticut (EE.UU.) llamado Charles Goodyear descubrió la vulcanización, proceso mediante el cual el caucho se mezcla con azufre y se le aplica calor y presión, lo que mejora su plasticidad y resistencia. Fue entonces cuando se hicieron populares las llantas de goma maciza, solo que los viajes eran muy incómodos.


La primera llanta neumática, o llena de aire, fue patentada en 1845 por el ingeniero escocés Robert W. Thomson. Sin embargo, no fue sino hasta que su compatriota John Boyd Dunlop se propuso hacer más agradable el paseo en bicicleta de su hijo, que la rueda llena de aire se convirtió en un éxito comercial. 

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Los conventos eran los lugares que regularmente recibían a autoridades eclesiásticas y personalidades del gobierno. Las monjas Clarisas tenían mucha experiencia alojando a figuras importantes de la sociedad y cuando ello sucedía preparaban los mejores platillos y bebidas, entre ellas el rompope. Con un poco de canela, huevos y azúcar creaban esta suculenta bebida que ofrecían a las visitas, pero ellas nunca la probaban.

Según la leyenda, una mestiza de nombre Eduviges, que ya había hecho sus votos, aprendió muy bien la receta y después, en el convento de los franciscanos en la ciudad de Puebla de los Ángeles, ella era la encargada del rompope, y como lo probaba de vez en cuando para darle la sazón especial, le platicaba a las otras monjas del sabor suave y rico del rompope. Más adelante se las arregló para que el rompope se hiciera también para consumo de las hermanas.


El rompope solamente se fabricaba en los conventos. Como ya se había dado el primer paso y su sabor fue tan aceptado por las familias de las monjas decidieron comercializarlo y en él, las monjas Clarisas encontraron un buen sustento para la congregación.

El Tangram se originó muy posiblemente a partir del juego de muebles yanjitu durante la dinastía Song. Según los registros históricos chinos, estos muebles estaban formados originalmente por un juego de 6 mesas rectangulares. Más adelante se agregó una mesa triangular y las personas podían acomodar las mesas de manera que formaran una gran mesa cuadrada. Hubo otra variación más adelante, durante la dinastía Ming, y un poco más tarde fue cuando se convirtió en un juego.

Hay una leyenda que dice que un sirviente de un emperador chino llevaba un mosaico de cerámica, muy caro y frágil, y tropezó rompiéndolo en pedazos. Desesperado, el sirviente trató de formar de nuevo el mosaico en forma cuadrada pero no pudo. Sin embargo, se dio cuenta de que podía formar muchas otras figuras con los pedazos.


No se sabe con certeza quién inventó el juego ni cuándo, pues las primeras publicaciones chinas en la que aparece son del siglo XVIII, y entonces el juego era ya muy conocido en varios países. En China, el Tangram era muy popular y se consideraba un juego para mujeres y niños.

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En la cultura germánica, el ponche (o Punsch en alemán) es una mezcla de varios jugos de fruta y especias, a menudo con vino o licor añadido. El ponche es popular en Alemania, así como en los Estados Unidos, donde fue llevado por los emigrantes alemanes. La tradicional Navidad alemana suele incluir un Feuerzangenbowle (literalmente, ‘bol de tenazas de fuego’), que es un ponche hecho con vino tinto y ron ardiendo que se vierte sobre un gran terrón de azúcar cónico colocado sobre el cuenco.

En la cultura coreana, el sujeonggwa es un ponche tradicional hecho a partir de caquis secos, canela y jengibre.


El ponche de frutas en México también es muy popular en la época navideña, y contiene trozos de caña de azúcar, manzana, guayaba, tejocotes, jamaica, tamarindo y ciruelas pasas, y usualmente se prepara para las posadas, que son las fiestas de los nueve días previos a la Navidad, o incluso en las preposadas, que son las fiestas anteriores a las posadas. En países del Caribe, el Pacífico y el Índico el ponche también se toma como aperitivo antes de las comidas.

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