EL CLIMA


jueves, 26 de enero de 2017

JUEVES 26 Y SEGUIMOS DE CARAVANA

El séptimo sello (en sueco, ''Det sjunde inseglet'') es una película sueca de 1956 dirigida y escrita por Ingmar Bergman.

Ambientada en la Europa medieval durante la Peste negra, relata el viaje de un caballero cruzado (Max von Sydow) y de una partida de ajedrez que él juega con la Muerte (Bengt Ekerot), la cual ha venido a tomar su alma. Bergman desarrolló la trama de la película basándose en una pieza teatral suya titulada Pintura sobre tabla. El título hace referencia a un pasaje tomado del libro del Apocalipsis, que se utiliza tanto al principio como al final del filme. La película empieza con las siguientes palabras: "Y cuando el Cordero rompió el séptimo sello del rollo, hubo silencio en el cielo durante una media hora." (Ap 8:1) Aquí, la frase "silencio en el cielo" hace alusión al "silencio de Dios", el cual es el tema principal de la película.

La película es considerada un gran clásico del cine universal. Ayudó a Bergman a establecerse como un director de renombre; además, contiene escenas que se han convertido en ícono debido a que han sido parodiadas u homenajeadas a lo largo del tiempo. La revista jesuítica America atribuye a esta película el mérito de haber iniciado "una serie de siete filmes que exploraron la posibilidad de la fe en la era post-Holocausto, la era nuclear". Igualmente, los historiadores del cine Thomas W. Bohn y Richard L. Stromgren atribuyen a este filme haber iniciado "su círculo de películas que tratan con dilema el tema de la fe religiosa"




El barón rampante es un libro del autor italiano Italo Calvino, publicado en 1957, una de las obras literarias más reconocidas de este autor y también de las letras más reconocidas en la literatura italiana en el siglo XX. En el libro Calvino manifestó su conciencia de vivir en un mundo en el que se niega la más sencilla individualidad de las personas, reducidas a una serie de comportamientos preestablecidos, pues en este caso el personaje principal, el barón Cosimo, vive en soledad en los árboles desde muy joven.


Este es el segundo libro de la trilogía Nuestros antepasados, conformada además por las novelas El vizconde demediado (1952) y El caballero inexistente (1959)

Es la historia de dos hermanos, Biaggio y Cosimo que pertenecen a una familia aristocrática en decadencia, que busca imitar el modo de vida de la clase alta. La historia comienza cuando Cosimo decide subirse a los árboles y promete nunca más volver a pisar el suelo, pues había tenido una discusión con su padre, por culpa de su hermana Battista la cual cocinaba con hongos, ratas y otros animales raros. Biaggio empieza a narrar la vida que llevaría su hermano desde que se subió a los árboles hasta su muerte, pues durante su vida en los árboles éste le enviaría cartas y cada vez que lo visitaba le contaba sus aventuras. Cosimo crea su propia casa sobre los árboles y consigue comida mediante la caza de animales y también crea su propia ropa con las pieles de estos mismos. Él, desde joven, vive grandes aventuras sobre los árboles pues veía todo lo que sucedía en el pueblo cerca de la villa donde vivía.


Cosimo, en sus aventuras, conoce a una niña llamada Viola de la cual estaría enamorado toda su vida, la conoce en uno de sus recorridos por los árboles, pues ella tenía un columpio colgado en un árbol. Viola de niña, era líder de una banda de niños ladrones, los cuales conoce Cosimo en uno de sus recorridos en los árboles. Después de un cierto tiempo, los papás de Viola toman la decisión de enviarla a otra parte por su comportamiento y por ser líder de la banda de niños. De aquí Cosimo viviría enamorado de ella toda su vida, aunque tuvo ciertos romances con mujeres de lugares que él visitaba, inclusive del mismo pueblo.


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El hallazgo de monedas romanas en el solar del castillo de loarre, da pie a pensar que este se construyó sobre el asentamiento romano de "Calagurris Fibularia".

El castillo fue construido en el siglo XI por orden del rey Sancho III, para servir como avanzadilla fronteriza, desde la que organizaron los ataques contra la localidad de Bolea, situada en la llanura que domina la construcción. De esta época datan el edificio real, la capilla, el torreón de la Reina, el patio de armas, las estancias militares y de servicio y la torre del homenaje (antigua torre albarrana).

Posteriormente, hacia 1071, durante el reinado de Sancho Ramírez se realiza un ampliación que le da la forma que mantiene en la actualidad. De esta época son las demás construcciones incluida la iglesia. El recinto amurallado se construye en 1287.

Tras la ampliación se funda un monasterio de canónicas de San Agustín. Pedro I de Aragón, hijo de Sancho Ramírez, cambia la cabeza de la congregación a Montearagón, con lo que Loarre pierde el carácter monasterial. El desalojo de los musulmanes de la comarca de La Hoya, hace que el castillo pierda su carácter militar. Perdiendo relevancia e influencia...


En el siglo XV, la población que vivía a los pies del castillo se traslada a la actual villa de Loarre, reutilizando materiales de la fortaleza.


La estructura básica de los bailes o dances de bastones acostumbra a ser una doble hilera de ocho danzantes, pudiendo añadir grupos adicionales de cuatro danzantes (cuadras), aunque varios grupos han introducido otras estructuras como el cículo los bailes de seis danzantes. Los bailes suelen ser cortos, de aproximadamente un minuto y el elemento central del baile son los colpes de bastón con los otros danzantes.


Durante los bailes se pueden identificar una serie de elementos comunes. Les pasadas como movimientos donde los danzantes se cruzan, pasando en direcciones opuestas y picando para ir a buscar a otro danzante. Els bajocamas, figura emblemática del baile de bastones y que consiste en hacer picar los bastones, haciéndolos pasar por debajo de una pierna. Los saltos en que los danzantes saltan para picar en el aire con otro, y los golpes en tierra con los bastones, movimiento que algunos folcloristas han interpretado como reminiscencia de ritos de fertilidad a la tierra.

Como un ejemplo de la riqueza y diversidad de la comida mexicana, puede citarse el consumo de los insectos, que aunque no es exclusivo de México, es el que más variedad y riqueza de estos tiene4 5 , muestra la adaptación de la cocina tradicional a una gran variedad de ambientes y recursos. A parte de que los insectos han favorecido otras necesidades de los seres humanos como: ropa, medicina y a desintegrar desechos orgánicos.

En México, la entomofagia ha sido una práctica común desde la época prehispánica, como lo prueba el Códice Florentino, escrito por fray Bernardino de Sahagún, en donde se describe el consumo de 96 especies de insectos comestibles. A la fecha los insectos siguen consumiéndose en todo el país, y llegan a considerarse, en algunos casos, un manjar de alto precio.


Sin embargo, los insectos no solo han formado parte de la alimentación de los seres humanos si no que también de sus creencias donde son vistos como deidades y reverenciados, también los podemos encontrar en el arte como en figuras poéticas o formando parte de sus artesanías y esculturas.

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