EL CLIMA


domingo, 20 de noviembre de 2016

LA NUEVA CARAVANA


ESTE ARTISTA ES MUY INTERESANTE Y ABSOLUTAMENTE RADIABLE. QUE MI MUSICA NO PARE ES UN TEMAZO. 














EN PORTUGUES 



APENAS 20 AÑOS, ES FILIPINA 




Amado lector, miremos este nuevo comienzo de semana con esperanza, y si acaso se nos empañare un poco el vidrio, que fuera solo por la emocion de ver por ejemplo, como alguien a quien le hemos hecho bien, progresa, sale para adelante, crece, empieza a tener un poquito mas, que esta es tambien la forma de repartir, echar una manito, como una pulsada de arranque y luego observar el desarrollo, y seguir haciendo, que esa es la obra, y justamente la accion en la que queremos participar, asi que hermoso comienzo de semana, y a sentar en el, las bases de la continuidad, porque queremos progresar, que duda cabe de esto.

besooos LC 





ESTE POSTRE ES BIEN VEGANO, A VER COMO NOS SALE, NECESITAMOS. 

 ½ manzana fuji grande (unos 120 g)
♥ ½ taza de almidón de maíz (maicena)
♥ ½ taza de harina de trigo normal
♥ ¼ de cucharadita de levadura de repostería
♥ 1 cucharada de aceite de oliva (sabor suave)
♥ 1 cucharadita de piel de limón (un trocito cortado con el pelador)
♥ 1 cucharada de azúcar moreno, sirope de arce o sirope de agave
♥ 1 taza de leche de soja u otra bebida vegetal
♥ aprox. ½ taza de agua
♥ un poco de aceite para la sartén
♥ el resto de la manzana para rellenar

Y LO HAREMOS ASI 

Pela la manzana, córtala en trozos medianos y ponla en la batidora. Añade el resto de ingredientes (excepto el aceite y manzana extra) y bátelo todo junto hasta que quede una crema homogénea. Ha de quedar una masa bastante líquida para que sea fácil de extender en la sartén, así que si tu masa es cremosa, más o menos como una bechamel, añade un poco más de agua y bátelo unos segundos más.

Calienta una sartén antiadherente mediana (18-20 cm de diámetro) a fuego medio. Para hacer crepes suelo usar una sartén bastante fina y bajita, así se calienta y enfría más rápidamente en caso de que necesite apartarlo un momento del fuego o calentarlo más.
Pon unas gotas de aceite en el centro y extiéndelas con un trocito de papel de cocina doblado.

Cuando esté caliente vierte un cacito pequeño de masa (más o menos 3 cucharadas) y extiéndelo por todo el fondo levantando y moviendo la sartén, procurando que llegue bien a todo el fondo.
Deja que se haga 1-2 minutos, hasta que se puedan levantar bien los bordes (si no se despegan déjalo un poquito más) y dale la vuelta con una espátula. Haz la crepe por el otro lado 1 minuto más. Puedes volver a darle la vuelta para dorarla un poquito más, pero con cuidado de no tenerla demasiado tiempo en la sartén, así no se quemará ni se resecará la masa.
Si tu masa se dora muy rápido, baja un poquito el fuego, y si no se dora nada, súbelo un poquito.

Sácala a un plato y vuelve a repetir la operación para el resto de masa. Siempre antes de añadir un cacito de masa remueve bien la mezcla.

Trocea la manzana o córtala en lonchitas finas para poner en las crepes y doblarlas antes de servir. Puedes ponerles también azúcar glacé por encima o algún sirope que te guste. Pruébalas primero y después decide si necesitan más endulzante para tu gusto.

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reflexion


Hay personas cuya torpeza en sus relaciones humanas proviene, simplemente, de haber recibido una escasa educación en todo lo referente a las normas de comportamiento social. 

Cuando advierten esas carencias, puede invadirles un considerable miedo a no saber manejarse con soltura o a cometer errores que les parecen extraordinariamente ridículos. La única solución asequible es esforzarse por cultivar cuestiones básicas para la buena convivencia diaria.

Por ejemplo, aprender a:

- iniciar o mantener con soltura una conversación circunstancial, para no ser de esos que a las dos palabras tienen que despedirse con cualquier pretexto, porque apenas tienen conversación y no saben qué más decir;

- mostrar interés por lo que nos dicen, y hablar sin apañar la mirada;

- saber decir que no, o dar por terminada una conversación o una llamada telefónica que se alarga demasiado;

- darse cuenta de que el interlocutor lleva tiempo emitiendo discretas señales de su deseo de cambiar de tema, o de terminar la conversación o la visita;

- no invadir el espacio personal de los demás (no acercarse físicamente demasiado al hablar; no entrar en temas o lugares que requieren andarse con mucha más prudencia y respeto; evitar preguntas molestas o inoportunas; etcétera);

- no emplear un tono paternalista, o de reconvención inoportuna, de hostilidad o de superioridad (todos ellos despiertan incomodidad o actitud de defensa en el interlocutor);

- pedir perdón cuando sea necesario, dar las gracias, pedir las cosas por favor, etc. (es más importante de lo que parece). 

Se trata de reconocer los mensajes emocionales que emiten los demás, y también de acertar en los que emitimos nosotros. A veces, por ejemplo, una simple expresión facial inoportuna o desafortunada, o un comentario o un tono de voz que se interprete de forma negativa, puede hacer que los demás reaccionen de forma distinta a lo que esperábamos, y nos sentiremos frustrados ante esos efectos indeseados de nuestro comportamiento. Por eso resulta decisivo aprender a situarse en relación a cada persona, sabiendo que cada uno puede tener una forma de ser muy distinta a la nuestra. No basta con tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros, hay que tratarles como querríamos que nos trataran si fuéramos como ellos.

Un ejemplo es lo que sucede con la idiosincrasia de cada país o región, o con el estilo propio de cada ambiente social o tipo de personas. Hay modos de decir o de tratarse que en un lugar pueden resultar muy normales, pero en otros resultan chocantes. En unos ambientes, por ejemplo, es habitual tratarse enseguida con mucha confianza, pero en otros lo normal es ir más despacio; y lo que en unos sitios puede ser una muestra de franqueza, en otros puede parecer agresivo o provocador.

También hay que tener presente que la gente de determinados ambientes o lugares suele ser más sensible, y tratarse entre sí con mucha delicadeza, empleando un tono más apacible, y diciéndose las cosas de modo menos directo. Si alguien ajeno no actúa así, aparecerá ante ellos como una persona seca y cortante. En cambio, en otras circunstancias, esa actitud resultaría extraña, o podría interpretarse incluso como de falta de confianza o de carácter. De nuevo aparece, como siempre, la importancia de hacerse cargo de cómo es y cómo está quien tenemos delante.

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SEGURO MUCHOS HABRAN JUGADO A DECIRLO SIN HABLAR 

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