EL CLIMA


miércoles, 16 de marzo de 2016

QUE CURIOSO



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Como vajilla habitual en las reuniones sociales, la taza ha alcanzado un curioso simbolismo de objeto representativo del bienestar e incluso el lujo. La fusión de elementos culturales británicos y asiáticos, por emplear un ejemplo entre muchos, se ha reflejado desde el siglo XVIII en el uso y abuso de la taza como icono social. Y así, el té del mandarín chino entroncaba con la costumbre inglesa del té de las cinco, refinamiento social que a lo largo de los últimos siglos se ha representado en diversas expresiones de las bellas artes (cuadros, esculturas, poemas, etc).

Rainer Maria Rilke, uno de los grandes poetas en lengua alemana, uniéndose a la atracción que a finales del siglo XIX y principios del XX se sentía por Oriente, describe una tacita de porcelana china en estos versos, publicados el año 1907 y editados en español en 1991




La superstición popular ha invadido el ritual de la taza de café con todo un juego de premoniciones: si al echarle el azúcar se forma en la superficie una corona de espuma que se inclina hacia el consumidor, es señal de que recibirá dinero; sin embargo, si la corona se queda en el centro, será indicio de buen tiempo.

 La cafedomancia, o arte de interpretar el futuro a partir de la marca que deja en la taza el café, asegura que si al añadirle un poco de agua se forma un óvalo será señal de buena suerte; un trazo grande o pequeñas líneas: vejez feliz; una hache (H) será aviso de envenenamiento; un rectángulo, bronca familiar; una cruz, anuncio de una buena muerte; entre un largo y supersticioso etc.

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