EL CLIMA


martes, 17 de noviembre de 2015

Parece que estos medicamentos son un poquito caros...



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MARCOS DOMINGUEZ 

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¿Cómo puede una pastilla de 13 dólares pasar a costar, de la noche a la mañana, 750? 

Es la pregunta que se hizo todo Estados Unidos cuando el pasado septiembre Martin Shkreli, un joven emprendedor de 32 años, decidió adquirir la licencia de un viejo medicamento contra la toxoplasmosis (enfermedad que pueda traer graves consecuencias en fetos de embarazadas o pacientes de sida) y hacerlo rentable.

Rápidamente, se convirtió en el enemigo público número 1. Su caso lanzó al primer plano un debate que acechaba desde hace tiempo al ciudadano medio norteamericano, el del cada vez más elevado precio de los medicamentos. 

En mitad de la carrera para ser candidato a las elecciones presidenciales del próximo año, los principales contendientes demócratas, Bernie Sanders y Hillary Clinton, han presentado planes para luchar contra esta lacra.




El tema no nos es ajeno: en el último tercio de 2014, los pacientes de hepatitis C empezaron a manifestarse para exigir al Gobierno español acceso a sofosbuvir, una pastilla recién aprobada que, debido a su elevado precio (el coste del tratamiento se situaba en torno a los 80.000 euros), se había restringido su uso a los casos más graves. La movilización popular consiguió en pocos meses que su acceso se generalizara. Hoy día, la capacidad negociadora del Estado y la aparición de competidores tanto o más eficaces ha logrado una reducción notable en el precio de inicio, aunque la cifra a pagar pueda seguir resultando escalofriante: entre 20.000 y 35.000 euros por tratamiento.

¿Impresionado? Pese a lo que pueda parecer, estos fármacos no se acercan ni por asomo a ser los más caros del mundo. En el top 10, ningún tratamiento baja de los 100.000 euros por paciente y año. La mayoría de ellos se dirigen a las llamadas enfermedades raras, aquellas que afectan, como mucho, a uno de cada 2.000 habitantes. Aquí van los cinco primeros puestos de esta polémica lista.

Eculizumab. 

Este fármaco, cuyo nombre comercial es Soliris, cuesta nada menos que 536.629 dólares (431.611 euros) al año para los pacientes de una enfermedad que, por si fuera poco, es crónica: la hemoglobinuria paroxística nocturna o síndrome de Marchiafava-Michelli, causada por un defecto genético que destruye los glóbulos rojos. Si no se trata adecuadamente, puede provocar trombosis, insuficiencia renal o hipertensión pulmonar, siendo además potencialmente mortal.

Galsulfasa. Solo 64 estadounidenses padecían en 2013 

mucopolisacaridosis tipo VI, que produce trastornos óseos y en la visión, entre otros, debido a la falta de una proteína, la arisulfatasa B, imprescindible para llevar a cabo ciertas reacciones químicas en el cuerpo. A pesar de la baja frecuencia de la dolencia, los 485.747 dólares (390.686 euros) que cuesta la terapia ha procurado a BioMarin, el laboratorio farmacéutico que comercializa la galsulfasa, notables ingresos.

Ivacaftor. 

El tercer medicamento más caro del mundo también trata una enfermedad genética, la fibrosis quística, que afecta sobre todo a los pulmones, donde se acumula un moco espeso que dificulta la respiración y favorece las infecciones. Así las cosas, los 299.592 dólares por paciente y año (240.962 euros) que cuesta serían pagados gustosamente por aquellos que la padecen, en caso de tenerlos. O por sus padres, ya que se manifiesta en edades tempranas.

Inhibidor de la esterasa C1. Se trata de una proteína presente en el cuerpo humano, pero su carencia (debido, nuevamente, a un defecto genético) da lugar a lo que se conoce como angioedema hereditario. Las tumefacciones que provoca puede deformar espectacularmente partes del cuerpo del afectado. 

La farmacéutica Shire produce de forma artificial esta molécula al módico precio de 230.826 dólares (185.653 euros).

Corticotropina.

 Esta hormona también es generada por el propio organismo, pero el laboratorio Mallickrodt ha elaborado una preparación altamente purificada de la misma que comercializa en versión inyectable por 205.681 dólares (165.429 euros). La esclerosis múltiple o los espasmos infantiles son las principales indicaciones, pero los usos de esta hormona son múltiples ya que reduce los síntomas de muchas dolencias, desde la artritis reumatoide hasta el lupus.

Una vez recorrido el 'caviar' farmacéutico, hay que hacer una puntualización: estos precios son los del mercado estadounidense. 

En España -y, en general, en toda Europa- son los gobiernos quienes negocian el coste de los tratamientos, consiguiendo importantes rebajas ya que las farmacéuticas deben pasar por el aro si quieren entrar a un mercado casi monopolizado por la sanidad pública. No obstante, la cada vez mayor complejidad del desarrollo de medicamentos parece indicar que, pese a esto, a los Estados más les vale empezar a ahorrar para lo que viene. 

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