EL CLIMA

lunes, 4 de enero de 2010

PAREJA






Hace unos días tuve una discusión con mis amigas.

Regina comenzó diciendo que en su gimnasio había un hombre terriblemente apuesto con el cuál había tenido un par de sueños indecentes.

Regina, está casada. Esto, por supuesto, escandalizó a Cristina que cree que con el pensamiento puedes llegar a ser infiel.

Aunque por otro lado Priscila, que es todo lo contrario, le dijo a Regina que si le gustaba que lo buscara.

Si tenía la cosquillita de buscar a otros hombres quizá podría hablar con su marido y pensar en una relación abierta.

“Él te lo agradecerá”, agregó categóricamente.
“El sexo es una cosa. El matrimonio otra.

Es como si tuvieras que escoger el sabor de helado que tienes que comer por el resto de tu vida.

Una vez que te casas sólo puedes comer helado de vainilla y nunca más en la vida podrás volver a probar el chocolate. Saben, a los hombres también les cansa comer siempre el mismo sabor”, dijo Priscila.
“De ninguna manera”, objetó Cristina, “no puedes ponerlo en términos tan simplistas. Tu relación de pareja es sa-gra-da. Y además, ¿qué pasa si deciden tener una relación abierta y alguno de los termina por enamorarse de alguien más? ¿No sería eso lo más fácil?”.
Esto último dejó fría a Regina.

No creo que realmente haya considerado una relación abierta, pero el tema ya era demasiado candente y nos encanta discutir hasta de chismes hipotéticos.
Yo por mi lado agregué.

“Supongo que para que algo así funcionara los dos tendrían que estar muy de acuerdo y poner reglas a la situación.

Pero es raro que en una pareja sean ambos los que quieren una ‘relación abierta’ con tanta intensidad. Es posible que sea uno el que lo desea más y esto más bien indica un desequilibrio en la relación.

Un pretexto de uno de los dos para acostarse con otros. En casos así algo no está funcionando internamente. ¡Imagínate si metes el factor de un tercero o un cuarto en discordia! Obvio es una invitación al desastre.”
“No exageren”, interrumpió Priscila, “yo conozco parejas que tienen acuerdos así y han funcionado perfectamente. Hay diferentes formas de abordarlo, los que dicen ‘ojos que no ven, corazón que no siente’ y prefieren ni discutirlo aunque ambos saben que el otro tiene uno que otro desliz. Hay los que lo hacen consciente y ponen reglas del juego. Están hasta los swingers que intercambian pareja frente al otro y al mismo tiempo.
No sean inocentes.

Casi el 50% de los matrimonios termina en divorcio, en la mayoría la causa es por infidelidad. Si las parejas aprenden a superar esto pueden quedarse juntas porque el amor no se acaba pero la atracción sexual sí.

Lo aceptas. Sigues adelante.

Listo. Problema resuelto.”
“Yo no creo que sean cosas separadas.

Sexo, matrimonio y amor. Para mí es una trinidad, si no se dan juntas, si tu o tu pareja necesitan acostarse con alguien más entonces no se aman, entonces no hay matrimonio entonces mejor el divorcio”, terminó diciendo Cristina.
Como siempre que discutimos estas cosas, no llegamos a una conclusión. Una vez más nos enfrentamos a un tema de esos que no es blanco o negro.

Me gustaría saber si alguien tiene una respuesta a este dilema.
Tú, ¿crees que las relaciones abiertas puedan funcionar? ¿Por qué?

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