
Peluquería a las once y cita con la maquilladora a las trece. Retiré el vestido de la tintorería, lustré los zapatos y planché la camisa de Santi. A eso de las 15.50 estábamos llegando al country donde 16.30 comenzó la ceremonia. La novia llegó puntual. Un vestido de encaje blanco la mostraba radiante. El sol brillaba y dejaba en evidencia la realidad… ¿Qué les pasa a los hombres? Más que un casamiento parecía una fiesta de disfraces. Todos intentando sobresalir o destacarse del resto. Juro que estaban más pendientes de lo que se había puesto el otro, que de lo que tenía la mujer que los acompañaba. Siempre se dijo que las mujeres se visten para otras mujeres, que tardamos horas en arreglarnos o que estamos demasiado pendientes de la moda. Ahora las víctimas de la moda son ellos. La pandemia llamada “qué se usa” llegó al sexo masculino. Caminando por la fiesta escuche cosas como éstas: “Qué suerte tenés que no se te cae el pelo”, “Qué hacés para estar tan flaco” , “Estas muy entero”, “Qué buenos pantalones”, “Me encantan tus zapatos”. El objetivo parecía ser el de destacarse del resto. Y la mayoría de los muchachos logró destacarse, demasiado. Chicos, sobresalir es fácil, lo difícil es hacerlo bien. El atardecer y más aún en verano, es casi un asesino serial del mal gusto. De por sí, el elegante sport cuesta… Por sobre todo, cuesta plata. Ese look canchero y casual que parece fácil cuando se los ve en las películas a bombones del porte de Jud Law o Brad Pitt tiene horas y horas de estudio por las mejores vestuaristas del mundo. Además de la percha. Y de muchos dólares. Los metrosexuales se multiplican más que los casos de gripe A. No critico que se cuiden pero por favor, pongan límites. Las mujeres estamos siendo testigos de un proceso lamentable. El marketing celebra la apertura de un nuevo mercado llamado “hombres coquetos” y nadie es conciente del verdadero costo para la sociedad. Los hombres se parecen cada vez más a lo que siempre criticaron de las mujeres. Y, saben qué, al menos a mi, no me gustan los machos sobreproducidos. ¡Quiero que los hombres vuelvan a ser lo que eran: hombres!
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