EL CLIMA

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jueves, 10 de mayo de 2012

RUTA DE LA SEDA

La Ruta de la seda era una red de rutas comerciales entre Asia y Europa que se extendía desde Chang'an (actualmenteXi'an) en China, Antioquía en Siria yConstantinopla (actualmente Estambul,Turquía) a las puertas de Europa y que llegaba hasta los reinos hispánicos en el siglo XV.

El término "Ruta de la seda" fue creado por los geógrafos alemanes Ferdinand Freiherr von Richthofen & co, quien lo introdujo en su obra Viejas y nuevas aproximaciones a la Ruta de la seda,1 en 1877.

Debe su nombre a la mercancía más prestigiosa que circulaba en ella, la seda, cuya elaboración era un secreto que sólo los chinos conocían. Los romanos se convirtieron en grandes aficionados de este tejido, tras conocerlo antes del comienzo de nuestra era a través de los partos, quienes controlaban su comercio. Muchos productos transitaban estas rutas: piedras y metales preciosos, telas de lana o de lino, ámbar, marfil, laca, especias, vidrio, materiales manufacturados, coral, etc.

La Ruta de la seda era una red de rutas comerciales entre Asia y Europa que se extendía desde Chang'an (actualmente Xi'an) en China, Antioquía en Siria y Constantinopla (actualmente Estambul, Turquía) a las puertas de Europa y que llegaba hasta los reinos hispánicos en el siglo 15. El término "ruta de la seda" fue creado por el geógrafo alemán Ferdinand Freiherr von Richthofen, quien lo introdujo en su obra Viejas y nuevas aproximaciones a la Ruta de la seda,1 en 1877. Debe su nombre a la mercancía más prestigiosa que circulaba en ella, la seda, cuya elaboración era un secreto que sólo los chinos conocían. Los romanos se convirtieron en grandes aficionados de este tejido, tras conocerlo antes del comienzo de nuestra era a través de los partos, quienes estaban al tanto de su comercio. Muchos productos transitaban estas rutas: piedras y metales preciosos, telas de lana o de lino, ámbar, marfil, laca, especias, vidrio, materiales manufacturados, coral, etc cristian zapata Trece años después, habiendo sido hostigado durante diez años por los hunos, el General Zhang Qian regresa a la Corte Imperial Han con sólo un miembro de la partida. Aunque no había logrado establecer ni una sola de las alianzas militares de su misión, el general Zhang informó a la corte de la existencia de treinta y seis reinos, verdaderas potencias comerciales, en las fronteras occidentales de China. En realidad, cuando el emperador Wu Di estaba cautivo consiguió mucha información de las tribus de Asia Central y países como Nag-Si (Persia), Tiaozhi (Caldea) y Li- Qian (el Imperio romano). En el 126 a. C., volvió a la capital china Chang'an y en el 119 lanzó una ofensiva contra los hunos y se establecieron contactos entre la dinastía Han y los países de la región. Así, el general Zhang contó de los magníficos caballos de las llanuras del Valle de Ferghana en Asia Central (hoy Kirguistán, Uzbekistán y Tayikistán), mucho más fuertes y veloces que los caballos chinos, con los que la caballería del Imperio Han podría enfrentarse a los hunos en mejores condiciones.

Posteriormente, las misiones diplomáticas y comerciales con los reinos del Valle de Ferghana no pudieron garantizar la seguridad ni afianzar el comercio, por lo que China preparó una invasión a gran escala, aunque fue en la segunda embestida en el año 102 a. C. que China logró conquistar todas las tierras entre sus propias fronteras y los Reinos del Valle de Ferghana. Así, los chinos no sólo consiguieron asegurarse la importación de los famosos caballos de las estepas, sino que establecieron sus propios productos en los mercados de estos reinos. Además, Zhang Qian obtuvo información sobre Roma y se encontraron en algunos relatos, como la "historia de los Han" de Hou Hanshu, los de Sima Qian y Ban Gu y documentos enviados al emperador Wu Di. Cincuenta años más tarde, cuando Marco Licinio Craso cruzó el Éufrates para conquistar Parthia en el año 53 a. C., se asombró al ver un brillante, suave y maravilloso nuevo tejido. El emperador Wu Di envió una delegación al rey Mitrídates II en el 110 a. C. y fue entonces cuando se inició la Ruta de la Seda. Unas décadas más tarde, las más acaudaladas familias de Roma estaban maravilladas de vestirse con el más preciado tejido: la seda

martes, 15 de junio de 2010

LA SEDA


















LA SEDA

Aunque la seda ya era conocida por los pueblos mediterráneos desde antes de la civilización griega, nadie sabía de su origen animal y menos aún los secretos de su elaboración.

A despecho de su lustrosa presencia, famosa finura y suavidad infinita, la resistencia del hilo de seda es comparable a la del acero. Por todo esto y porque nadie en Occidente sabía cómo fabricarla, la seda era muy apreciada. Alcanzó precios astronómicos, sobre todo porque, hasta bien entrada nuestra era, toda la seda que llegaba a la región mediterránea venía de China. Y lo hacía por unos caminos que, a través de Asia central, conformaron la famosa ruta de la seda.

La ruta más antigua y duradera. Efectiva­mente, la de la seda ha sido la ruta comercial más antigua de la historia y la que ha perdurado más tiempo. Fue una encrucijada de caminos, religiones y culturas que, durante siglos, jalonó una enorme extensión de Asia. La expresión “ruta de la seda” parece que fue acuñada por un griego de Siria que vivió en el siglo II a.C. No obstante, la ruta existía desde mucho antes, puesto que los antiguos egipcios ‑y otros pueblos mediterráneos- ya compraban la seda china.

Siglos después, en Roma, la seda estaba tan extendida, que no faltaba en ninguna casa patricia. Aun así, nadie conocía su verdadero origen. El conocido escri­tor clásico Plinio el Viejo defiende, en su “Historia natural”, el origen vegetal de este tejido. En la citada obra se puede leer: la seda procede de los “seres”, un pueblo formado por individuos altos y pelirrojos que se dedican a extraer una pelusa blanca de determinados árboles. A partir de esta pelusa, proseguía el sabio latino, los “seres” hilan y tejen la seda. Precisamente el nombre de estos supuestos personajes formó la pala­bra con que los romanos designaban al tejido: “sericum”. Y de él derivan todas las palabras castellanas relativas al término: sericicultura, sericultor

Un cultivo secular. La fabulación de Plinio nos muestra hasta qué punto se ignoraba la naturaleza de la seda en el mundo occidental. Y es que, durante la sericicultura sólo fue conocida por los chinos. Pero no por los agricultores y gente del pueblo, sino que era monopolio exclusivo de los emperadores, quienes hicieron lo imposible para guardar el secreto y con mucho éxito, aunque parezca imposible en un país tan inmenso. La exportación de los insectos o de sus huevos se castigaba con la muerte, lo que resultó ser una medida eficacísima durante casi tres milenios.

El origen mítico. Según la tradición, el cultivo y la producción de seda se remontaría al año 2460 a.C. Cuenta una antigua leyenda china que corría este año cuando la emperatriz Lei‑Tsu, paseando por los jardines de palacio, se detuvo a observar cómo una oruga hilaba su envoltorio de seda, Más tarde, al caer en la cuenta de que este proceso era muy similar al que se hacía para tejer una tela normal, la emperatriz intentó deshilvanar el capullo.

Pero el hilo no se desenganchaba, lo que la obligó a ensayar otros métodos hasta que un buen día se le ocurrió sumergir (o simplemente se le cayó) el envoltorio pupal en agua caliente. Entonces comprobó que la fibra se desprendía con gran facilidad y descubrió varios hechos que la sorprendieron: el hilo de un mismo capullo tenía una longitud extraor­dinaria (cientos de metros), no se enredaba dema­siado y era muy resistente. Todo ello la animó a tejerlo y fabricar la primera pieza de seda: era el inicio de una de las historias más largas y trascendentes de la humanidad.