EL CLIMA

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jueves, 1 de marzo de 2012

MATA HARI




Margaretha Geertruida Zelle (Leeuwarden, Países Bajos, 7 de agosto de 1876 - 15 de octubre de 1917) más conocida como Mata Hari,[1] fue una famosa bailarina de striptease, condenada a muerte por espionaje y ejecutada durante la I Guerra Mundial (1914-1918).


Su padre era un sombrerero y su madre era de ascendencia javanesa (Java formaba parte del Imperio Holandés). Al morir la madre de la joven, su padre suplió la ausencia materna con excesivos cuidados hacia una joven que muy pronto destacó por su belleza.
Se casó a los 18 años, tras mantener una breve correspondencia con un militar que no conocía, mucho mayor que ella y que había puesto un anuncio en un periódico. Desde niña, los uniformes militares habían suscitado en ella una especial atracción. Tuvo dos hijos, siendo el varón envenenado presuntamente en venganza por el trato dado por su marido a un sirviente nativo; una cuestión acaecida en su estancia de casada en Java, donde había sido destinado su esposo. La muerte de este hijo supuso un duro golpe para la familia. El marido buscó amparo en la bebida y empezó a frecuentar poco el hogar. Se dice que esta soledad llevó a Mata Hari a sus primeros contactos con la cultura javanesa y con las técnicas amatorias orientales, que le proporcionarían años más tarde fama como
cortesana de lujo.De vuelta a Europa, tras separarse y perder en Holanda el juicio sobre la custodia de su hija debido a su libertina vida en la isla, según declaró su marido, realizó más tarde algunos intentos fallidos en París como modelo de diseñadores, fracasos que conllevaron a un auténtico trauma en su vida por carecer de recursos económicos para vivir. Más tarde volvió a París de nuevo, armada de valor y amparada en sus rasgos orientales heredados de su madre. La literatura romántica de evasión de finales del siglo XIX había popularizado una imagen difusa y añorada de la oriental. Aprovechando estas circunstancias, se hizo pasar por una supuesta princesa de Java ejerciendo de bailarina exótica, protagonizando espectáculos de strip-tease. La mentira e imaginación, como salida obligada para superar su penosa situación económica, empezaron a dar sus frutos y a la vista de sus ventajosas consecuencias, pasó a convertirse en algo habitual. En París fue un revuelo con auténticas pugnas por conseguir localidades de las primeras filas en sus espectáculos de danza. También fue cortesana y tuvo romances secretos con numerosos funcionarios militares e incluso políticos de alto nivel, y, en general, con la alta sociedad.
Su fama como bailarina crecía, pero ya no era tan joven y, al ir perdiendo sus encantos físicos, que conforme al
canon de belleza actual no parece que fueran tan extraordinarios, empezó a ejercer con más frecuencia de cortesana, amparada por el mito que había creado, para seguir manteniendo el mismo nivel de vida.
En aquellos tiempos, intentó recuperar a su hija que vivía con su padre, pero resultó imposible. Mandó a su ama de llaves, que volvió con las manos vacías tras varias horas de espera a la puerta del colegio donde estudiaba. Aquel día su padre fue a recogerla. Aquella niña murió en los Países Bajos de un ataque al corazón años después de la muerte de su madre, curiosamente días antes de un viaje a Java en el que había puesto muchas esperanzas.


domingo, 25 de octubre de 2009

LA HISTORIA DE MATA HARI









Pocos
espías han despertado tanta fascinación como Mata Hari (1876-1917), la legendaria bailarina holandesa que escapó de una vida provinciana para convertirse en la mujer más fatal de su tiempo. Su nombre real era Margarita Zelle y nació en Leeuwarden, hija de un sombrerero y una madre que murió siendo ella muy niña. A los 18 años atendió una solicitud de matrimonio en la página de contactos del periódico y se casó con Campbell MacLeod, un capitán de 39 años con el que se marchó a vivir a Indonesia, entonces colonia holandesa, donde él estaba destinado. Siempre le habían pirrado los uniformes. Allí tuvo dos hijos y sufrió las penurias de un marido borracho, pero también conoció la fascinación de Oriente y los secretos de las danzas javanesas, que le serían muy útiles tras el naufragio de su matrimonio y la muerte de uno de sus hijos, que la empujaron a volver a Europa en 1902. Armada de valor y amparada en su exótico físico, se inventó una identidad y se lanzó al espectáculo en París como la bailarina Mata Hari (“ojo del alba”, en javanés), especializada en danzas eróticas. Pronto creció su fama y frecuentó a hombres ricos, políticos y militares que engrosaron su lista de amantes. Entre 1904 y la I Guerra Mundial fue la cortesana más famosa de la época, conoció todas las ciudades de Europa y no pocos secretos de política gracias a las confidencias de alcoba. El estallido de la guerra en julio de 1914 la sorprendió bailando en un music-hall de Berlín. Supuestamente aprovechó su agenda de conocidos en ambos bandos para ofrecer sus servicios a Kraemer, jefe del espionaje alemán, con la esperanza de poder volver a la neutral Holanda con sus pertenencias a salvo. Pronto sus actividades en Madrid, donde en 1915 se veía con un oficial germano, despertaron las sospechas de la inteligencia aliada, que empezó a vigilarla. En 1916, Mata Hari volvió a París. Acorralada por el capitán Ladoux, del espionaje francés, que andaba tras sus pasos, se ofreció para trabajar como agente doble para Francia. La realidad es que nuevamente en Madrid siguió espiando para la embajada alemana como la agente H-21, pero sus mensajes fueron interceptados por Ladoux, que la tendió una trampa para que regresara a Francia. El 13 de febrero de 1917 fue arrestada y sometida a juicio, donde se la condenó a muerte acusada de aprovechar sus relaciones íntimas para trabajar como agente de Alemania. Ella lo negó, alegando que se acostaba con militares por placer, y no por deber. El 15 de octubre de 1917 fue fusilada en Vincennes al amanecer. Genio y figura, se negó a que le vendaran los ojos y antes de recibir la descarga lanzó un beso a los soldados del pelotón. Tenía 41 años. Su cuerpo nunca fue reclamado por ningún familiar.