EL CLIMA

Mostrando entradas con la etiqueta HAITI. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta HAITI. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de enero de 2011

HAITI A UN AÑO DE LA TRAGEDIA.




GRACIAS CLARIN

En el celular, la foto es un rastro indeleble. Está tomada a medio metro de distancia del cráneo y el tórax calcinados de lo que fue una persona. Los restos, que jamás serán identificados, yacen al aire libre, casi indecentes, mezclados con hierros retorcidos y escombros de edificios. La fecha: 19 de enero de 2010, cinco días después del terremoto que destruyó Puerto Príncipe. El lugar: los escombros de un hotel en el centro de la capital de Haití.
Tanta proximidad con la muerte altera las percepciones y la conciencia; hay un acostumbramiento al dolor y el desgarro. Entonces, qué puede importar un cadáver cuando en un improvisado quirófano del hospital de Cité Soleil, la gran favela haitiana, una médica serrucha la pierna de una mujer a la que han anestesiado apenas el tiempo suficiente para amputar el miembro desecho. En la misma sala de no más de 20 metros cuadrados, se forma una fila de gente desesperada frente una enfermera que registra los casos de extrema urgencia. Nada separa las dos escenas; sencillamente, no hay cómo cuidar de la asepsia.
De pronto, al salir de la breve anestesia la paciente despierta con alaridos. Miro a mi colega Francisco "Paco" Rabini y le pido con angustia: "Por favor, salgamos de aquí. Esto es demasiado". Quedará para otro momento la entrevista con los cirujanos de Médicos Sin Fronteras. Es que los gritos laceran los oídos. Hay que huir de ese sufrimiento intolerable. Afuera no se escuchan lamentos. Los cuerpos de los pacientes se extienden semidesnudos, o sin ninguna prenda que los proteja, en las "salas" del hospital; espacios a cielo abierto donde apenas se escucha el murmullo de enfermeras que tratan de suministrar antibióticos y un poco de calmantes a los recién operados. Algunos descansan sobre colchonetas, pero la mayoría yace sobre lienzos colocados s obre el suelo de cemento. Los familiares tratan de alimentar a los heridos con los restos que consiguen de comida. Los que quedaron vivos y salieron indemnes del desastre hurgan entre los montones de ladrillos que quedaron de un par de supermercados.
Entre los despojos de personas, que fueron sepultadas por los destrozos del terremoto, se pueden ver y rescatar paquetes de fideos, de arroz, de frijoles y, especialmente, botellas de agua. A esa búsqueda instintiva de comida el resto del mundo la llama "saqueo". Es una palabra estúpida ante la magnitud del estrago humano, en una ex ciudad donde no hay bancos ni dinero ni alimentos ni agua. Ese es el bien más escaso. Después del desembarco el jueves 14 y hasta el domingo 17, el embajador argentino José María Vázquez pudo ofrecernos hasta la posibilidad de tomar un baño a los tres periodistas que nos refugiamos en los jardines de su casa. Pero no hay servicio que llene el tanque de la casa, a esa altura vacío. Para calmar la sed resta una bella piscina, donde antes se nadaba y disfrutaba.
Con Paco y con Guillermo, un compañero de La Nación, nos hicimos una rutina. Con la luz del alba ya no es posible dormir y temprano pasa a buscarnos un chofer que contratamos a precios siderales en euros. En el barrio rico de embajadas y embajadores también hay destrucción. La residencia de Vázquez está completamente rajada y hay riesgo de desplome. Fue lo que pudimos observar aquel día en que la tierra tembló bajo de nuestros pies con un nuevo terremoto de grado 6 de la escala Mercali. Un hongo de humo se elevó por encima del palacete derribado por la trepidación.
En lo que fue la plaza central de Puerto Príncipe el verde desapareció debajo de las improvisadas carpas, con palos que ofician de estacas y sábanas colocadas encima a modo de techo. En ese gigantesco espacio, presidido por una pretensiosa edificación con forma de obelisco, los haitianos buscan sobrevivir. Lavan sus ropas, comen, cuidan de los niños. Cuando llega la ayuda en comestibles y agua, esta viene del cielo. Son los americanos que desde los helicópteros descienden por medio de cuerdas en los jardines de la casa de gobierno. La blanca mansión presidencial cayó, con el temblor del 12 de enero, literalmente como un castillo de cartas montadas por un niño pequeño que no tiene todavía el sentido de la estabilidad de los objetos. Esa zona fue literalmen te devastada. Los militares estadounidenses decidieron tomar los puntos estratégicos: el aeropuerto, el puerto y el hospital central. Pero abandonaron el escenario de la tragedia algunos meses después.
Mi vuelta a Puerto Príncipe el 25 de febrero mostró que todo seguía igual. El shock que semejante desgracia produjo en los haitianos explica que no haya existido una rebelión contra aquellos que habían prometido ayudarlos. Un año después, los informes de Médicos Sin Frontera indican que el cólera no es más que una consecuencia del primer desastre. No es simple sobrevivir en un país sin Estado.

martes, 11 de enero de 2011

IMPACTANTE: El largo recorrido de una mama argentina, y un niño de HAITI.



GRACIAS DIARIO LA NACION.







Tras el golpe que dejó sin rumbo a Haití en enero pasado, Mabel García vivió momentos difíciles, teñidos de angustia y desesperación, y se enfrentó a escollos de todo tipo. Pero su fortaleza y su deseo de ser mamá lograron anteponerse al dolor y le impidieron rendirse.
Su meta era clara: recuperar a Eggenson, su pequeño hijo adoptivo, de cuatro años, que
la esperaba indefenso en un hogar de niños para escapar de la isla, castigada por una tragedia que dejó arriba de 220.000 muertos. Y lo consiguió, con ese empuje que dice haber ganado con los años y que no abandona siquiera en las situaciones límite.

Y así, en agosto pasado, se convirtió en la única mamá que después del terremoto obtuvo el reconocimiento del fallo de adopción extranjera que emitió el Tribunal de Familia N°1 de Quilmes. Una decisión que, en la práctica, permitió a Eggenson abandonar el apellido de sus padres biológicos y contar con una partida de nacimiento argentina, primero, y un pasaporte, después.
Mabel describe los meses transcurridos como parte de una película que nunca imaginó protagonizar, mientras toma conciencia del impacto que tuvo lo ocurrido en su forma de encarar la vida.
"Haití significó un antes y un después en mi vida. No sólo por haber adoptado a mi hijo, sino por la forma en que lo hice y la transformación que tuvo el país. Aprendí que todo está dentro de las posibilidades, lo bueno y lo malo. La adversidad me ayudó a vivir el día a día y a no programar cuando miro al futuro", reflexiona durante una entrevista con lanacion.com, a horas de que se cumpla el primer aniversario de la catástrofe.
Las dos Haití. Pese al paso del tiempo, esta mujer, de 45 años, sigue sorprendida por el horror que encontró en Puerto Príncipe el verano pasado. "Hay cosas que no me puedo olvidar. Si bien yo había estado allí varias veces [por la tramitación de los papeles del niño], nunca ví tanta destrucción como la que dejó el sismo. La gente se peleaba en la calle con los chanchos por una bolsa de basura o se lavaba con agua de la alcantarilla, todas cosas que son muy denigrantes para el ser humano", relata. "Estando ahí ví avalanchas de personas cada vez que los aviones humanitarios arrojaban comida y, por las noches, escuchaba sus protestas", cuenta.
Durante la primera quincena de febrero, dividió su estadía entre un hotel sin luz ni agua potable y sus visitas al orfanato For his Glory, donde desde el afecto intentó ayudar al resto de los chiquitos a recuperarse del desastre. En tanto, varios adultos se acercaban al lugar a entregar a sus hijos en adopción por entender que no podían brindarles el alimento y cuidado necesarios en un contexto tan hostil.
Un nuevo capítulo. Eggenson dejó su tierra natal a mediados de ese mes a bordo de una avioneta provista por la Cancillería argentina con destino al país. Es que los planes originales de dar vuelta la página en Corea, se frustraron cuando Mabel perdió su empleo y sus ahorros para recuperar su hijo. Entonces, tuvo que dejar al pequeño con su hermana, en Quilmes, y volver a Asia a buscar algunas de sus pertenencias. "El me extrañó mucho en esos días. Dicen que iba con una mochilita y una foto que le había regalado a todos lados. Y que, a veces, miraba por la ventana y me llamaba «Mamá Mabel» para que viniera".
Precisamente, en ese momento, el pequeño interrumpe la charla con lanacion.com y le da un cálido abrazo. "A veces no quiere que hable de estas cosas, pero yo siempre le digo que no hay que olvidarse de dónde es uno", explica, mientras Eggy vuelve a entretenerse con un camión de juguete que pasea de un lado a otro por el patio de la casa de sus abuelos.
Mabel es fiel a esa premisa de no ocultar la propia historia. Por eso, evitó desde el principio "tapar" sus recuerdos de la tragedia y le explicó con imágenes lo que había pasado como si se tratara de un cuento. "Llegó un momento en que Eggenson no quiso saber nada más y dijo basta. Ahora, está poniendo una especie de barrera entre el pasado y el presente, y no quiere hablar mucho de Haití", comenta.
Con la sentencia en mano y casi con lo puesto, dejó su trabajo como cantante lírica en Corea y viajó a las Antillas para traerlo de regreso a la Argentina.

Y así, en agosto pasado, se convirtió en la única mamá que después del terremoto obtuvo el reconocimiento del fallo de adopción extranjera que emitió el Tribunal de Familia N°1 de Quilmes. Una decisión que, en la práctica, permitió a Eggenson abandonar el apellido de sus padres biológicos y contar con una partida de nacimiento argentina, primero, y un pasaporte, después.
Mabel describe los meses transcurridos como parte de una película que nunca imaginó protagonizar, mientras toma conciencia del impacto que tuvo lo ocurrido en su forma de encarar la vida.
"Haití significó un antes y un después en mi vida. No sólo por haber adoptado a mi hijo, sino por la forma en que lo hice y la transformación que tuvo el país. Aprendí que todo está dentro de las posibilidades, lo bueno y lo malo. La adversidad me ayudó a vivir el día a día y a no programar cuando miro al futuro", reflexiona durante una entrevista con lanacion.com, a horas de que se cumpla el primer aniversario de la catástrofe.
Las dos Haití. Pese al paso del tiempo, esta mujer, de 45 años, sigue sorprendida por el horror que encontró en Puerto Príncipe el verano pasado. "Hay cosas que no me puedo olvidar. Si bien yo había estado allí varias veces [por la tramitación de los papeles del niño], nunca ví tanta destrucción como la que dejó el sismo. La gente se peleaba en la calle con los chanchos por una bolsa de basura o se lavaba con agua de la alcantarilla, todas cosas que son muy denigrantes para el ser humano", relata. "Estando ahí ví avalanchas de personas cada vez que los aviones humanitarios arrojaban comida y, por las noches, escuchaba sus protestas", cuenta.
Durante la primera quincena de febrero, dividió su estadía entre un hotel sin luz ni agua potable y sus visitas al orfanato For his Glory, donde desde el afecto intentó ayudar al resto de los chiquitos a recuperarse del desastre. En tanto, varios adultos se acercaban al lugar a entregar a sus hijos en adopción por entender que no podían brindarles el alimento y cuidado necesarios en un contexto tan hostil.
Un nuevo capítulo. Eggenson dejó su tierra natal a mediados de ese mes a bordo de una avioneta provista por la Cancillería argentina con destino al país. Es que los planes originales de dar vuelta la página en Corea, se frustraron cuando Mabel perdió su empleo y sus ahorros para recuperar su hijo. Entonces, tuvo que dejar al pequeño con su hermana, en Quilmes, y volver a Asia a buscar algunas de sus pertenencias. "El me extrañó mucho en esos días. Dicen que iba con una mochilita y una foto que le había regalado a todos lados. Y que, a veces, miraba por la ventana y me llamaba «Mamá Mabel» para que viniera".
Precisamente, en ese momento, el pequeño interrumpe la charla con lanacion.com y le da un cálido abrazo. "A veces no quiere que hable de estas cosas, pero yo siempre le digo que no hay que olvidarse de dónde es uno", explica, mientras Eggy vuelve a entretenerse con un camión de juguete que pasea de un lado a otro por el patio de la casa de sus abuelos.
Mabel es fiel a esa premisa de no ocultar la propia historia. Por eso, evitó desde el principio "tapar" sus recuerdos de la tragedia y le explicó con imágenes lo que había pasado como si se tratara de un cuento. "Llegó un momento en que Eggenson no quiso saber nada más y dijo basta. Ahora, está poniendo una especie de barrera entre el pasado y el presente, y no quiere hablar mucho de Haití", comenta.

sábado, 23 de octubre de 2010

Bonus track el drama de haiti, la historia del tango sur.


Alarmante brote de Cólera en Haití

SAINT MARC, Haití (AP) - Al menos 142 personas murieron por un brote de cólera en una zona rural de Haití que obligaba el viernes a los grupos humanitarios a movilizar de urgencia medicinas y otros materiales, ante la más importante crisis sanitaria en Haití desde el sismo de enero.

El brote, en la región rural de Artibonite, donde se asentaron miles de damnificados por el sismo, ratificó los temores de los grupos de asistencia de que los desplazados enfrentarían graves problemas de salubridad en los campamentos precarios en que viven.

"Temíamos a esta situación desde el sismo", dijo Robin Mahfood, presidente del grupo Alimentos para los Pobres, el cual se disponía a transportar por aire antibióticos, sales rehidratadoras y otros materiales de asistencia donados.

Muchos enfermos han acudido al hospital St. Nicholas, en la ciudad costera de Saint Marc, donde cientos de pacientes deshidratados reciben sueros intravenosos mientras aguardan mayor atención médica recostados sobre mantas en el piso de un estacionamiento.

El director Gabriel Thimothe, del Ministerio de Salud, dijo que análisis de laboratorio confirmaron que la enfermedad era cólera. Agregó que había 142 muertos y más de 1.000 internados.

El presidente de la Asociación Médica Haitiana, Claude Surena, dijo que la gente debe asegurarse de lavarse las manos con frecuencia para frenar los contagios.

"La preocupación es que la enfermedad se propague de localidad a localidad y afecte a más personas, o que se propague de región a región", apuntó.

El cólera es una infección que se propaga en el agua contaminada. Causa diarrea severa y vómito que pueden deshidratar y causar la muerte del paciente en horas. El tratamiento incluye la rehidratación del enfermo con un suero que contenga sal y azúcar.

El ministro de Salud Alex Larsen instó a quienes sufran diarrea a hacer su propio suero con agua, sal y azúcar para tomarlo camino al hospital.

Michel Thieren, funcionario de la Organización Panamericana de la Salud, dijo que los hospitales de la región tienen suficientes tratamientos intravenosos por ahora pero necesitarán reaprovisionarse.

"La mayoría de los casos se pueden atender con tratamiento oral, pero tenemos un número importante que requieren tratamiento intravenoso", dijo.

Hasta antes del sismo, Haití no había registrado durante décadas un brote de cólera, según el organismo estadounidense Centros para el Control y Prevención de Enfermedades.

Las autoridades haitianas, entre ellas el presidente René Preval, consideran precisamente que la ausencia de brotes graves de enfermedades se ha debido a la eficaz reacción frente al sismo, aun cuando esto no se vea.

Debido a que más de un millón de personas perdieron sus hogares tras el sismo, los expertos han advertido que las enfermedades podrían afectar a los damnificados en campamentos, porque en éstos hay un limitado acceso al agua potable y carecen de sistemas para la eliminación de los desechos humanos.


Fuente: AOL noticias




La Historia del Tango Sur
La historia de algunos de nuestros tangos mas representativos esta intimamente ligada a recuerdos historicos que nos llenan de nostalgia, como el que cuenta la historia del Tango Sur.



"Desde la barranca de Boedo, hacia el Sur, se presentian Pompeya y Puente Alsina, con sus portones y sus chimeneas y sus inundaciones; y hacia el norte el ultimo pedazo de Almagro, escenario de Jose Bettinotti, el pequeño muchacho zapatero que invento, vaya a saberse como, la primera canción de Buenos Aires.

Y al otro lado, Cochabamba arriba, las calles anchas y los arboles verdes, y hasta retazos de alfalfares y quintas misteriosas.

Y por San Juan, ganando rio, el San Cristobal bravo, lleno de mostradores y de escudos de comites, y de canchas de taba, y de pedanas a cuchillo.

Y a los cuatro rumbos, casas sin salas y corredores profundos, y huecos sembrados de vidrios y latas, y de hombres traidos por los mares, y mujeres con pañuelos atados a la cabeza, y muchachos argentinos que estaban fundando - sin saberlo - al hijo nuevo de la patria vieja...Y tal vez este mismo cielo, esta misma mañana y las estrellas de siempre, y el mismo calor de barrio, y un amor parecido entre sus gentes sencillas.

Boedo era algo asi como un paso pesado que diera Puente Alsina para llegar al Centro, como también el transito obligado de la gente del Centro cuando querian acercar el alma hasta El Riachuelo."

Asi hablaba una tarde de 1947 Homero Manzi, segun cuenta Francisco Garcia Gimenez. En esos momentos hilvanaba su mente las estrofas de un tango que se llamaria Sur.

No era un hijo de Buenos Aires el que con tal fervor hablaba de un barrio porteño. Homero Manzi habia nacido en Añatuya, provincia de Santiago del Estero. Pero la vida del espiritu en vuelo, de la emoción intima, nacio varios años despues - ya avecindado - en el barrio de Pompeya. Fue profesor de escuela normal, profesión que abandono por la poesia, como abandonaria luego la carrera de Derecho cuando lo expulsaron de la facultad por pertencer a los rebeldes "estudiantes de alpargatas" que en 1930 desfilaban por la calle Florida para establecer claros distingos con otro "tipo de calzado" que gobernaba de facto al pais.

Las letras de las canciones populares y de los libretos de peliculas con verdadera calidad le dieron renombre exitoso.

A fines de 1947 Homero Manzi y Anibal Troilo daban los retoques finales a su tango Sur.

Segun cuenta Garcia Gimenez, ya entonces Manzi sospechaba que estaba herido de muerte por la enfermedad y sus amigos también tenian la terrible sospecha. A pesar de su angustioso estado de animo escribio Sur, añorando la lozana mocedad en su barrio de adopcion:


"San Juan y Boedo antiguo,
y todo el cielo,
Pompeya
y mas alla la inundacion..."

Caminando en un sueño de retorno hacia el arrabal que amo:

"Sur,
paredon y despues,
Sur,
una luz de almacen..."

Despidiendose del tiempo florido del idilio:

"Ya nunca
alumbrare con las estrellas
nuestra marcha sin querellas
por las calles de Pompeya"

Mas aun, despidiendose de la vida definitivamente:

"Las calles
y las lunas suburbanas
y mi amor en tu ventana
todo ha muerto,
ya lo se..."

En los dias de carnaval de 1948 fue operado. Tres años mas tarde,
cuando aun no habia cumplido los 44 de edad la muerte le quebro la
ambición de hacer montones de cosas que estaban bullentes en su
pensamiento.

Garcia Gimenez finaliza diciendo que la desaparición de Manzi no fue
una muerte sin remedio, porque El se ha salvado del olvido...

San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo,
Pompeya y, mas alla, la inundacion,
tu melena de novia en el recuerdo,
y tu nombre flotando en el adios...
La esquina del herrero barro y pampa,
tu casa, tu vereda y el zanjon
y un perfume de yuyos y de alfalfa
que me llena de nuevo el corazón.

Sur... paredon y despues...
Sur... una luz de almacen...
Ya nunca me veras como me vieras,
recostado en la vidriera
y esperandote,
ya nunca alumbrare con las estrellas
nuestra marcha sin querellas
por las noches de Pompeya.
Las calles y las lunas suburbanas
y mi amor en tu ventana
todo ha muerto, ya lo se.

San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido,
Pompeya y, al llegar al terraplen,
tus veinte años temblando de cariño
bajo el beso que entonces te robe.
Nostalgia de las cosas que han pasado,
arena que la vida se llevo,
pesadumbre del barrio que ha cambiado
y amargura del sueño que murio.

Sur... paredon y despues...
Sur... una luz de almacen...



viernes, 15 de enero de 2010

AYUDANDO A HAITI








Ante las reiteradas consultas recibidas de personas que desean solidarizarse con las víctimas del desastre ocurrido el martes último en Haití, la Embajada de ese país en Argentina puso a disposición varias alternativas para los interesados en realizar donaciones de dinero.


a) Por cheque, remitido a la Embajada, a la orden de Ministère des Affaires Etrangères d´Haití, con el memo: Assitance aux Victimes du Tremblement de Terre.
b) Por Giro bancario o depósito a la cuenta del Banco Francés: 304/0302381/6; CBU: 01703045 20000030238165; CUIT/CUIL/CDI: 30 692 186199.
La representación de Unicef en la Argentina también recibe donaciones de dinero para ayudar a los damnificados. Las personas que deseen colaborar, pueden comunicarse al 0810-3334455.