EL CLIMA

domingo, 16 de noviembre de 2014

Este señor, fue el descubridor de la capa de ozono



José Mario Molina Pasquel y Henríquez (n. Ciudad de México, 19 de marzo de 1943)1 es un ingeniero químico mexicano destacado por ser uno de los descubridores de las causas del agujero de ozono antártico. Fue co-receptor junto con Paul J. Crutzen y F. Sherwood Rowland del Premio Nobel de Química de 1995 por su papel para la dilucidación de la amenaza a la capa de ozono de la Tierra por parte de los gases clorofluorocarbonos (CFC), convirtiéndose en el primer ciudadano mexicano en recibir el Premio Nobel de Química.

 Así mismo, sus investigaciones y publicaciones sobre el tema condujeron al Protocolo de Montreal de las Naciones Unidas, el primer tratado internacional que ha enfrentado con efectividad un problema ambiental de escala global y de origen antropogénico.


Ya se le reconoce como Un mexicano universal.

En 1960 ingresó a la Facultad de Química de la UNAM para estudiar ingeniería química. En 1965, después de graduarse, prosiguió sus estudios de posgrado en la Universidad de Friburgo en Alemania, donde pasó casi dos años investigando en cinética de polimerizaciones. Entre 1967 y 1968, pasó algunos meses en París y en la Ciudad de México. En 1968 ingresó al programa de doctorado en fisicoquímica de la Universidad de Berkeley (California).

En Berkeley se incorporó al grupo de investigación del profesor George C. Pimentel. Molina obtuvo el doctorado en 1972 y permaneció un año más en Berkeley, antes de convertirse, en 1973, en investigador asociado en la Universidad de California, Irvine, junto con el Profesor F. Sherwood Rowland.

Molina fue nombrado miembro del profesorado de Irvine en 1975, liderando sus propias investigaciones a partir de entonces. 
Ha realizado diversas investigaciones en el ámbito de la química ambiental sobre el problema del ambiente. 

En 1974, Rowland y Molina daban cuenta de los resultados de sus investigaciones en un artículo publicado en la revista Nature. En él advertían de la creciente amenaza que el uso de los gases CFC suponía para la capa de ozono, aviso que en aquel momento fue criticado y considerado exagerado por un sector de investigadores. Sin embargo, la tenacidad y el convencimiento que depositaron en sus propias teorías conquistó las mentes más incrédulas. Tras arduas deliberaciones Molina y Rowland consiguieron la aprobación a sus tesis en encuentros científicos internacionales y estuvieron presentes en las reuniones en las que se fijaron los parámetros de control que debía hacer cada país en la emisión de CFC.

En 1989 Mario Molina pasó a trabajar en el Departamento de Ciencias Atmosféricas, Planetarias y de la Tierra del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) como investigador y profesor. Y en 1994 su trabajo le brindó otro reconocimiento, en este caso del presidente de Estados Unidos, que le nombró miembro del comité que le asesora sobre asuntos de ciencia y tecnología, al que pertenecen 18 científicos.

El punto culminante de su trayectoria de trabajo y perseverancia en pro de su preocupación por un problema que afecta a todo el planeta llegó el 11 de octubre de 1995. Mario Molina recibió junto con Sherwood Rowland el Premio Nobel de Química por ser los pioneros en establecer la relación entre el agujero de ozono y los compuestos de cloro y bromuro en la estratosfera. El galardón también se concedió al holandés Crutzen, del Instituto Max-Planck de Química de Mainz (Alemania), quien halló en 1970 que los gases contaminantes tienen un efecto destructor en esa capa, sin descomponerse.

El 4 de diciembre de 1995, Molina, Rowland y Crutzen fueron premiados además por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) por su contribución a la protección de la capa de ozono.

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